jueves, noviembre 12, 2009

El juego del "Chorro, Morro, Pico, Tayo, Qué Dirás Que Es"


¿Conocéis el juego del "Chorro, Morro, Pico, Tayo, Qué Dirás Que Es?"

Pues consiste en esto: De diez, ocho o seis muchachos se forman dos bandos físicamente equilibrados, que serán los que se enfrenten. Otro muchacho cualquiera, apacible y de buen aspecto, hará de Madre. La Madre, siempre persuasiva, sencilla, se sentará en el primer peldaño de una escalera o en algún muro de poca altura, con las piernas entreabiertas. Los dos bandos echan a suertes y el triunfador se apresta a la lucha. Uno de los sometidos, con las ancas erguidas, apoyará su cabeza en el regazo de la Madre; el siguiente colocará la suya entre las piernas del primero; el tercero entre las del segundo y el cuarto entre las del tercero. De pronto, uno de los del bando contrario, tomando empuje y alientos como el percherón frente a la yegua, saltará sobre sus enemigos para treparse en las costillas del que se ayuda en la Madre. Y así sucesivamente los demás. Naturalmente, el éxito de estas maniobras consiste en caer tan pesadamente sobre los supuestos asnos como sea posible; con la misma brutal alegría y el mismo ardor de quien pretende hacer valer un grave privilegio. Ya todos a cuestas, el primero dice:

—¿Chorro, Morro, Pico, Tayo, Qué Dirás Que Es?

Y muestra uno de los cinco dedos de la mano.

La Madre, árbitro infalible, de infalibilidad taciturna, observa. De abajo, aventuran:

—¡Morro!

Y era Pico, puesto que se trataba del dedo medio.

A continuación la historia se repite hasta que los asnos acierten. Así siempre.

Este juego se practica en los colegios, durante las horas de asueto, y provoca en el ánimo un excepcional entusiasmo.


La Puerta en el Muro,

Francisco Tario

sábado, octubre 31, 2009

Inglourious basterds


Mi primera película de Tarantino fue “Pulp Fiction”, creo. La vi en los “Multicinemas del Sol”, un conjunto de salas de cine de Guadalajara que ya no existen. Fui acompañado por mi papá y, si mal no recuerdo, entramos a la sala con lonches de pierna adobada de “La Playita”. ¿Cómo los metimos si se supone que estaba prohibido? Me resulta curioso haber ido con él a la primera película que vi de varios directores que ahora me son deferentes –Lost Highway y Cronos, ambas en el también desaparecido Cinematógrafo 1.

“Inglourious basterds” me gustó, aunque no tanto como “Pulp Fiction” o “Reservoir Dogs”. Es un prolongado y contenido “in crescendo” con temática –digamos- histórica, durante el cual se construyen dos o tres personajes casi memorables, se narran con destreza un par de pequeñas historias que bien podrían presentarse autónomamente y se culmina con un breve, no muy vistoso desenlace.

La narración se ubica en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, y ofrece tres historias paralelas: la de Shoshana Dreyfus, una francesa judía, dueña de un cine, que vive en París bajo un nombre falso; la de los Bastardos, que son una guerrilla de judíos, principalmente norteamericanos, cuyo objetivo es matar nazis; y la del coronel de la S.S. Hans Landa, un elocuente y reflexivo detective apodado el “caza-judíos”. A primera vista, uno podría decir que las historias principales son las de los primeros; sin embargo, es claro que el personaje principal es el último y que es su historia la que enlaza a las otras, así como la que articula la película en su conjunto. Algunas de las conocidas marcas distintivas de las películas de Tarantino están presentes: tomas a pies de mujeres, diálogos ágiles y prolongados, así como referencias intertextuales. Me habría gustado escuchar un soundtrack que, como en otras de sus películas, me entusiasmara en el momento e invitará a hacerme de él lo antes posible.

Algo que aprecio en una película son las pequeñas vueltas de tuerca y en ésta hay al menos una: cuando Landa atrapó a los Bastardos, con tensión esperaba que, de alguna manera vistosa, lograran liberarse; o bien, que fueran brutalmente lacerados. Sin embargo, estos no escapan ni aquél los tortura, por el contrario, ¿quién iba a pensar que Landa capitularía por iniciativa propia, provocando un inesperado giro en la historia mundial, a cambio de una isla en Nantucket y un lugar de bronce en los libros de historia norteamericanos? Yo no.

Landa, por último, es un personaje gustosa, disfrutable y típicamente tarantinesco. Su minuciosa construcción a través de conversaciones y, casi, monólogos inicia desde la primera escena de la película. Sus parsimoniosas intervenciones en francés, alemán, inglés e italiano hacen valer el boleto. Al personaje de Eli Roth, el temido “Oso Judío”, se le dedica una construcción inicial detallada que provoca expectativa, pero después se le descuida y más bien abandona. Mi personaje favorito, no obstante, es Hugo Stiglitz, un expresivo militar alemán que, por su cuenta, se dedica a matar oficiales de la S.S, que es reclutado por los Bastardos y que difícilmente tiene un dialogo en toda la película; una pena que lo asesinen tan pronto, pero que gozosa secuencia en la que sucede.

domingo, septiembre 20, 2009

Es un parecer impropio de un sociólogo, lo sé. Sin embargo, no puedo dejar de escribir que la gente que obtiene beneficios, bienes y servicios apelando a sus vínculos sociales antes que a méritos "objetivos" como experiencia profesional o escolaridad me cae mal. Muy mal, me dan ganas de escribir.

lunes, agosto 31, 2009

Paté de Fuá


Lo primero que me llamó la atención en el concierto de “Paté de Fuá” fue el público. Eufórico. Entregado aún antes de que sonará el primer acorde. ¿Inmerecido? Sí, sin duda.

También me provocaron curiosidad las expresiones de gozo dirigidas a los músicos, “¡Venga Lurie!”, y a la banda, “¡Venga Paté!”; ambas repetidas ad nauseaum con creativas variaciones.

La música de “Paté de Fuá” me gusta, sobre todo las canciones en las que no hay voz. Me agradan el tono y el ritmo. Creo que pueden ser propicias para trabajar, como música de fondo.

lunes, julio 20, 2009

Idiomática

"Comer como sabañón"
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Comer mucho y con ansia.

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jueves, junio 25, 2009

El frío dice la verdad

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Me fascina el frío. He llegado a veces a pensar que el frío dice la verdad sobre la esencia de la vida. Detesto el verano, el sudor de las suegras despatarradas por las arenas del circo de las playas, los arroces al sol, los pañuelos para el sudor. Me parece que el frío es muy elegante y se ríe de una manera infinitamente seria. Y el resto es silencio, vulgaridad, hedor y gordura de caseta de baño.
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Enrique Vila-Matas,
Dietario Voluble

jueves, mayo 14, 2009

Quevedo: putillas viles, afrentosas

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Desengaño de las mujeres
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Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado,

si de otras tales putas me pagare;
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
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martes, abril 14, 2009

Caídas

Soy torpe. Sí, torpe.
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Me he caído dos veces en las últimas veinticuatro horas. La segunda ocasión fue con algún riesgo, por un momento temí ser atropellado por un microbús de los que cobran tres pesos. Me impresiona la velocidad y densidad del instante: apenas si me dí cuenta de lo que sucedía. Entre el pensar “subirme al ‘micro’ antes de que se vaya” y el preocuparme por a dónde fueron a dar mis lentes no tuve tiempo de intentar caer de manera menos dolorosa, como me habría gustado. ¿Me pegué en la cabeza?
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Escuché, pero hasta después me dí cuenta, que dos mujeres sentadas sobre cubetas colocadas boca abajo a un costado de un puesto informal de frituras le gritaron estridente y agresivamente al chofer, que éste redujo la velocidad y luego paró durante unos segundos, que la gente que subía por el puente se detuvo para ver qué sucedía y que una persona que ofrecía dulces a cambio de dinero para rehabilitar adictos se acercó con cara incierta para preguntarme si estaba bien.
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¿Fue grave o sólo aparatoso? Sé que temí ser atropellado, pero no en qué momento lo pensé ni en cuál sopesé que era mejor que el “micro” pasara sobre mis piernas que sobre el tórax.
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Me pregunto en qué medida pude haber provocado estas caídas yo mismo. A primera vista ambas fueron claros accidentes; sin embargo, desde hace tiempo tengo la cada vez menos difusa sensación de querer que me pongan una buena madriza, pero hasta ahora no he logrado que nadie me la ponga. ¿Por qué siento que quiero caer? ¿Por qué permanece esta “idea” de que merezco caer, pero, sobre todo, ser lastimado? ¿Fueron descuidos intencionados?
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Caer para arriba. Recuerdo ahora a Altazor y San Juan de la Cruz.

viernes, marzo 20, 2009

Houellebecq


Leí ya dos novelas de Houellebecq: La posibilidad de una isla y Las partículas elementales.

Houellebecq me provocaba la desconfianza de los autores pop. Sin embargo, decidí leerlo por influencia de dos lectores confiables –la señorita Lj y el flâneur MMM-, sin sus comentarios favorables no me habría hecho de ninguno de sus libros.

No sé bien por qué, pero esperaba a un misántropo iracundo, crítico, provocador e inescrupuloso. Houellebecq resultó ser eso, pero con corolario. La impresión final que tengo de él después de leer este par de novelas es la de que, en realidad, es un moralista (se vale de narraciones explícitas sobre eventos sexuales para criticar la sexualidad, por ejemplo). No cualquier "moralista", claro. Ni en sus mejores fantasías Carlos Cuauhtémoc Sánchez alcanzaría la densidad conceptual, el tono y el ritmo que –con todo y traducción- domina el francés.

En las dos novelas que le leí plantea la extinción de la humanidad tal como la conocemos hoy día. Imagina que a través de la ciencia podrá darse pie a la creación de una nueva especie que la sustituya; la característica distintiva de ésta, en contraste con aquella, será la supresión del coito, de la necesidad de contacto entre iguales y la inmortalidad a través de diferentes mecanismos creados por el mismo hombre.

Me gusta la constante referencia a elementos científicos, de física cuántica por ejemplo; también la alusiones a rasgos de una suerte de budismo contemporanizado. La narración de los encuentros sexuales me parece satisfactoria, no del todo la caracterización de algunos personajes. Una asociación inevitable es con –aunque quién sabe bien a bien a qué se refiera- el “súper hombre” de Nietzche.

Me pregunto si leeré otro libro suyo. Sospecho que escribiré que no, pero lo haré.

martes, febrero 24, 2009

Gran Torino

No pisé una sala de cine durante un par de meses. En cada una de esas poco más de ocho semanas alcancé a leer comentarios sobre estrenos de al menos una película que, en otra situación, habría ido a ver. No hablo de grandes filmes, pero sí de una agradable dosis del cine que más o menos me interesa. El primer domingo por la noche en el que tuve tiempo para ir no hubo ningún estreno que llamara mi atención. La cartelera de la Cineteca parecía específicamente programada para ahuyentar hasta a los más empáticos con el “circuito cultural”. Las opciones eran películas estrenadas semanas antes y que ya sólo estaban en una o dos salas de los “complejos comerciales”: Slumdog Millionaire y Gran Torino; Danny Boyle contra Clint Eastwood.

En otro momento habría elegido el filme del primero sin dudar. Aunque creo que he visto más películas que me han gustado de Eastwood (Bird, Unforgiven y Mystic River, por ejemplo), tres películas de Boyle habrían pesado sustantivamente para decidirme por él: Shallow Grave, Trainspotting y 28 Days Later. No fue así en esta ocasión: la referencia hindú me dio flojerita, el reconocimiento ampuloso me hizo desconfiar y me decanté por la referencia sobria de Eastwood. No fue mala elección.

Calificaría a Gran Torino como una película mediana entre las buenas. Si tuviera que darle una puntuación en una escala del uno al diez, le otorgaría un 7.5, aunque estaría tentado a darle el ocho. Me gustó la escena de contraste entre la pandilla mexicana (¿latina, mejor dicho?) y la china (¿asiática, mejor dicho?); los primeros tienen autos americanos viejos descuidados y revolvers, los segundo autos japoneses casi último modelo y ametralladoras. También me gustó la constante referencia a la ascendencia y orígenes diversos de los habitantes de Estados Unidos: polacos, italianos, irlandeses, afroamericanos, mexicanos, chinos; a pesar de que hay un desplazamiento espacial entre ellos, las posiciones sociales se conservan (los primeros sobre los segundos, naturalmente). Me pregunto si Eastwood actúa o siempre es así; sin duda, su papel natural es el del personaje malhumorado y quejumbroso, casi siempre violento. El final fue inesperado para mí, algo que aprecio; sin embargo, me pareció inconsistente con otros elementos proporcionados en la película (la fuerte cohesión social del grupo étnico sudasiático y el temor de los testigos a represalias por parte de la pandilla, entre otros). En fin, verifiqué que las películas de Eastwood son garantía de algo más que una buena historia narrada eficazmente.

miércoles, febrero 04, 2009

La verdadera infelicidad real


Un mundo falso que se presenta como verdadero e imita a la vida real de tal manera que suplanta lo real por su opuesto sustituyendo, por ejemplo, la verdadera infelicidad real por ficciones de alegría.

Lefebvre

miércoles, enero 14, 2009

Bartleby sin nueces

La sensación es similar a cuando dejé la oficina. El último día de trabajo salí solo, despidiéndome apenas de un par de personas. No hubo palmaditas en la espalda ni retórica de la buena onda. Tampoco carcajadas o sonrisas. Lo único que me acompañó durante el día, en la salida del edificio y al llegar a casa fue mi estorbosa repisa de cartón, un artilugio que intenté usar para acomodar mejor los documentos en proceso y procurar impedir que estuvieran dispersos por el escritorio o se traspapelaran. No sólo me fui acompañado únicamente de mi repisa de cartón, sino que pasé el día sin nadie más. No hubo llamadas telefónicas o conversaciones amables, mucho menos entusiastas; diría que, de manera involuntaria, lo preferí así.

Rompí mi hábito de alimentación: ni sushi ni griego ni carne asada al mediodía; fui a comer tacos de guisado a un popular lugar del que sabía por referencias de mis compañeros –“Los Güeros”. Caminé y dí vueltas para encontrarlo, apenas contaba con nociones vagas de dónde estaba. Tuve una difusa sensación placentera al zigzaguear por calles intuidas, no aprendidas; me gusta caminar por lugares así: arbolados y con casas “viejonas” tipo, digamos, Barragán. Cambié mi protocolo alimenticio intentando darme un pequeño “gusto”, un premio de consolación por haberme ganado estar así. No es la hoja para escribir que cometí errores, pero sé que en un instante gané las reservas de compañeros otrora deferentes; tampoco es el espacio para señalar por qué quería estar lejos de ese lugar.

Los trabajos técnico-burocráticos que me pidieron que concluyera antes de irme, por cierto, y que hice con poco entusiasmo, son prescindibles y estoy seguro que no sirvieron para nada. Imagino a mi jefe días después, a mis ex compañeros en el mejor de los casos, revisando con gesto displicente y de manera superficial lo que elaboré.

Al salir del edificio tropecé por casualidad con S., quien me dijo un afectuoso –sentí, quiero creer- “ay, muchachito”; nos abrazamos rápidamente, nos dimos un beso en la mejilla y salí caminando despacio (S., aunque años mayor que ella, me recuerda a mi primera pareja afectiva; su gesto continuo de contrición y su adusta manera de vestir me gustaban). Caminé por inercia hacia la estación de transporte público de siempre. Nunca tomé la más cercana, prefería caminar algunas cuadras y abordar el Metrobús en la estación que está dos o tres lugares más al sur. Anduve con sensación de desasosiego, creo. Fue como caminar perdido por las calles que recorría todos los días. Curioso: aunque lloviznaba, y sin proponérmelo, llegué hasta el parque La Bombilla; recorrí una distancia “larga”, un tramo que uno no anda comúnmente a pie. No estaba cansado, pero sentía el cuerpo lánguido. La sensación era, dicho de manera elaborada y un poco imprecisa, de Bartleby sin nueces. De no estar.




No tenía ganas de hablar. Empero, constaté que no había a quien contarle nada: lo que hacía, lo qué temía, lo que me gustaría que sucediera. Me senté en una banca cerca del ex-mausoleo de Obregón, coloqué mi papelera de cartón sobre las rodillas y me quedé sin moverme un momento. Congelado. Pasó una pareja frente a mí: él, sin decir nada, señaló con el índice mi cabeza: un enjambre de mosquitos revoloteaba frenéticamente sobre mí. Me moví más por su indicación que por otra cosa. Caminé.

Al dejar la oficina, aposté fuerte. Mal que bien, dejé un conjunto de certezas sustantivas (no sólo económicas; afectivas y domésticas también) acordes a mi estatura y capacidad por una apuesta del tipo “doble contra sencillo” que nada me garantizaba obtener... ni mi esfuerzo, creo. Existía una identidad entre mis capacidades y la posición laboral que despreciaba, pero al desprenderme de ella sentí que dejaba algo más y apareció una sensación inesperada de vacío.

El punto es que, como entonces, me siento ahora. Con la certeza de que, hoy, aquí y ahora, así son las cosas. Y está bien, creo. Quiero decir: la situación “así es”, en términos –exagerando- ontológicos, sin elemento moral. Y sí, al seleccionar un punto de referencia y medirme con él, salgo perdiendo; resulto indeseable desde ese punto de vista. Lo entiendo y, aunque no me gusta, aunque duele, quedo conforme; sin embargo, hay cierta sensación de incertidumbre. Similar a la sensación de desasosiego que puede experimentarse cuando se espera algo con mucho entusiasmo y expectativa, pero no se obtiene nada; aunque entonces no alcancé a percibir con claridad qué era lo que esperaba y qué era lo que tenía que hacer o decir para obtenerlo.

miércoles, diciembre 31, 2008

Regla de Lord Chesterfield

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El número de comensales no debe ser inferior al de las Gracias ni exceder al de las Musas
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jueves, diciembre 18, 2008

The Vaselines

Vengo, ahora, a enterarme que Nirvana era una banda de covers. Las rolas originales no son malas:







martes, noviembre 18, 2008

Comienzo a sentirme viejo de dos maneras. Una, me duele el cuerpo. Noto los efectos de su uso durante treinta años en el cabello, ojos, dientes, piel, panza, testículos, rodillas, talones y plantas de los pies.

Otra, tengo la permanente y difusa sensación de que se me fue el tiempo, de que me quedé atrás y atorado, de que ya no pude hacer lo que anhelaba de la forma que deseaba.
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sábado, noviembre 08, 2008

Quijada

Nuevo lugar en el que se concentra el desazón y la tensión:
lado izquierdo de la quijada.

miércoles, octubre 08, 2008

Los fracasos, las enfermedades

"...el triste amor que inspiran las personas que no nos quieren, los fracasos, las enfermedades, las manías".
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JLB, sobre Nathaniel Hawthorne

domingo, septiembre 07, 2008

domingo, agosto 17, 2008

Me pasa algo curioso: comienzo a notar –a sentir- que el tiempo pasa y que tengo una “historia”, un estar a través del tiempo.
Me muevo y, sin proponérmelo, dejo una suerte de minúscula huella. Pequeños indicios. Más tarde, al pasar de nuevo por donde estuve, a veces, más o menos, los reconozco.
Recuerdo. Tengo ataques. Súbitas evocaciones. Calles, conjuntos desarticulados de sensaciones, caras, nervios y atmósferas en las que estuve.
Me sorprenden algunas cosas que pensé o dije, muchas decisiones que tomé. No me reconozco ahora, ni entonces, en ellas. No sé por qué hice algunas muchas-pequeñas cosas ni qué hice en tantos momentos que se sienten como huecos. ¿Cómo llegué hasta aquí?
Me pregunto porque no frecuenté más a alguien que ahora rencuentro. Por qué quería ser amigo de otras personas, por qué frecuentaba a ellas y no a otras, qué me hacía evitar a personas que ahora me resultan agradables.

sábado, agosto 09, 2008

Clásicos instantáneos

Sigo sin tiempo para escribir la entrada que quiero publicar a propósito de la antología de poemas sobre el sueño erótico de Antonio Alatorre. Para mi consolación, dejo este cover de La Lupe. Divertidísimo.
Lo ubiqué gracias a la selección de rolas de Leonardo Tarifeño.


sábado, agosto 02, 2008

jueves, julio 10, 2008

México en VBS

VBS es una suerte de cadena de televisión por internet que conocí a través de El Manaba. Entiendo que uno de los guionistas de Being John Malkovich (Charlie Kaufman no, otro) es el o uno de los directores del site. Parece que recientemente instalaron una corresponsalía en la Ciudad de México y a propósito de ello dedican una serie de reportajes al país. Están hechos no sólo sobre, sino desde México.

Ví algunos, son disparejos. Los que más me han gustado hasta ahora son los dedicados a una casa de descanso para prostitutas retiradas instalada en Tepito y una larga e interesante entrevista a Enrique Metinides –refinado fotógrafo de nota roja. Entre los regulares esta el “detrás de las cámaras” de una sesión de fotografías de softporn con “la única modelo mexicana que permite que la fotografíen sin el top”. Entre los aburridos está una entrevista a un artista pretencioso-pero-buena-onda del DF (por favor corríjanme si mi apreciación es estúpida) de la que sólo es rescatable la locación: la venerable cantina Covadonga.

A su consideración una parte del reportaje sobre la casa de retiro Xochiquetzal:

Y la parte dos, de cinco, de la entrevista con Metinides:



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jueves, julio 03, 2008

Películas épicas favoritas



Aguirre, la ira de Dios / Werner Herzog.


Fitzcarraldo / Werner Herzog.

Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa.

Georg Christoph Lichtenberg

domingo, junio 29, 2008

El verdugo que somos de nosotros mismos y que es preciso poner en libertad

Existimos en tanto que víctimas de un orden decretado por lo que no nos es propio y en nuestra mirada los ojos que realmente acechan la estupidez, la barbarie sorda y muda de la realidad son los ojos del verdugo, ejecutor de ese orden que nos absorbe sin absolvernos y que forzosamente soportamos en detrimento de ese otro yo supremo, único capaz de sorprender lo sublime, el verdugo que somos de nosotros mismos y que es preciso poner en libertad.

Salvador Elizondo
Diario
Letras Libres, Mayo 2008

domingo, junio 15, 2008

domingo, junio 01, 2008

Los otros, la mayoría, no escriben: discurren, se “comunican”, practican premiosamente un idioma aprendido no en sus casas, no mamado, sino leído en traducciones de manuales de sociología y otras “ciencias”.
Los pedantes del siglo XVII eran pedantes en latín, griego y hebreo; los de ahora lo son en la jerga de los profesores de economía y de la de los psiquiatras.

Octavio Paz
Carta a José de la Colina
Letras Libres, abril de 2008

domingo, mayo 11, 2008

Aviso


El tequila es para
adolescentes y turistas.

sábado, abril 26, 2008

Envejezco

Es curioso. Comienzo a notar que envejezco.
Hay pequeños detalles. No sólo soy más intolerante, sino que necesito cada vez más luz para ver bien. Escucho menos. Oigo con más dificultad. No es que no vea, ni que no escuche. Noto que me cuesta más trabajo.
Recuerdo más también. Evoco. A veces cosas que no valen tanto la pena...

domingo, abril 13, 2008

Gente que no

Miento.

Más me caga la madre la gente buena onda.

miércoles, abril 02, 2008

Gente que no

Detesto, en primer lugar, a los imbéciles con iniciativa.

domingo, marzo 23, 2008

Swift: Instrucciones a los sirvientes

A Swift se le conoce desde antes de saber quién es. Aunque no se le entienda, uno ya sabe de Gulliver aún cuando no se ha aprendido a distinguir entre -dígamos- una tía virtuosa y una tía perversa. Después, a lo largo de los años, cierta noción de un “gigante” vencido por “enanos” permanece con vaguedad como parte del saber común difuso.

Por mi parte, leí con algo más conocimiento de causa Modesta proposición para impedir que los niños de los irlandeses pobres sean una carga para sus progenitores o para su país por encomienda de Israel. La Modesta proposición... es un texto mordaz en el que Swift sugiere una punzante y sabrosa estrategia para solucionar la pobreza en Irlanda. Su alternativa es tan original que, estoy seguro, los mismísimos autores intelectuales del Progresa y Oportunidades quedarían con la boca abierta, ruborizados, después de leerla. Además, la minuciosidad numérica con la que Swift presenta su propuesta le pide poco a los cálculos econométricos o al análisis demográfico de los más sesudos diseñadores de política social contemporánea.

Las prescripciones que Swift expone en el último texto que le leí, Instrucciones a los Sirvientes (1757), son cátedra de cómo debe comportarse cualquier subordinado ante sus jefes y pares para obtener el mayor reconocimiento, ganancia e influencia, echando mano del menor esfuerzo posible.

No sé si debería sorprenderme, pero entiendo que, bien leído, Instrucciones a los Sirvientes resulta ser una actual y práctica guía para oficinistas –burócratas de medio pelo, como quien esto escribe, por ejemplo- que precisan derrochar periodos de diez o hasta más horas entre cúbiculos mal ventilados e iluminados. Oficinistas que no tienen más remedio que dirigir su rencor minuciosamente acumulado en contra de sus jefes, compañeros y subordinados inmediatos.

La reelaboración de los preceptos de Swift teniendo en consideración una oficina contemporánea podría redundar en, a no dudarlo, una suerte de manual práctico para la administración eficiente de recursos escasos. El tiempo libre, por mencionar un ejemplo.

El primer apartado –"Instrucciones a todos los sirvientes en general"-, es ilustrativo de este punto. Ahí pueden leerse prescripciones como las siguientes:

“Cuando tu amo o tu señora llamen a un sirviente por su nombre, si ese sirviente no se halla presente, ninguno de vosotros ha de responder, pues entonces vuestras cargas no tendrán fin, y los propios amos reconocen que es suficiente con que cada sirvienta acuda cuando es llamado.

“Cuando hayas cometido una falta, muéstrate siempre insolente y descarado, y compórtate como si fueras la persona agraviada; eso minará de inmediato la moral de tu amo o señora.

“Si ves que otro sirviente causa mal a tu amo, no dejes de ocultarlo, no vaya a ser que te acusen de chivato.

“Cuando te reprenden delante de otras personas (...) suele suceder que un desconocido tiene la bondad de decir una palabra en tu descargo; en ese caso, tienes todo el derecho de justificarte, y puedes llegar a la legítima conclusión de que, cuando te reprendan después o en otras ocasiones, pueden equivocarse (...) cuando te reprendan, quéjate como si hubieras sufrido un agravio.

“Ni se te ocurra mover un dedo para cualquier labor que no sea aquella para la que has sido específicamente contratado.

“Si eres un hombre joven y apuesto, cuando le susurres a tu señora en la mesa, pásale la nariz por toda la mejilla, o, si tu aliento es bueno, sóplale en toda la cara...

“No acudas hasta que te hayan llamado tres o cuatro veces, pues sólo los perros acuden al primer silbido; y, cuando el amo exclame: ‘Quién anda ahí’, ningún sirviente está obligado a ir, porque nadie se llama ‘Quién anda ahí’.

“Tras recibir un rapapolvo por una falta, cuando salgas de la habitación y bajes las escaleras, farfulla en alto para que te oigan; eso les hará creer que eres inocente.

sábado, febrero 23, 2008

Porque te amo, has de permitir que te haga este regalo

Esta imagen dio pie -en buena medida, al menos- a la escritura de una de las novelas que más me han gustado: Farabeuf, de Salvador Elizondo.

Hasta donde sé, fue George Bataille quien la difundió en occidente al publicarla en Las Lágrimas de Eros. En todo caso, ayudó a su difusión al incluirla en su libro. Y, si estoy en lo correcto, fue ahí donde Elizondo la vio por primera ocasión; creo recordar que esto lo menciona en su Autobiografía Precoz.

La fotografía fue tomada a principios del siglo XX en China, representa el Suplicio de los cien cortes. Se supone que la persona (¿hombre, mujer?) que aparece en primer plano cometió un delito cuya pena era la muerte por decapitamiento o ahorcamiento, no recuerdo. La autoridad, al considerar inhumana dicha pena la cambió por el Suplicio.

Básicamente, éste consiste en realizar cien finas incisiones en diversas partes del cuerpo. Al completar la última, la persona sufre una sensación intensísima, similar a un gran orgasmo y muere. La disposición de los participantes en la imagen corresponde al hexagrama chino del número seis.

miércoles, febrero 20, 2008

miércoles, enero 23, 2008

Tiempo libre

Mi tiempo libre lo dedico principalmente al consumo de mercancías culturales como películas, revistas y libros. En particular, me interesan aquellos relacionados con el arte y las ciencias sociales.

Entre las películas, las que prefiero ver son las denominadas de autor; ésas donde hay un estilo particular, más o menos visible y poco convencional. Algunos de los directores que frecuento son Bergman, los hermanos Coen y Werner Herzog; entre los guionistas que ubico, me gusta Kaufman (el autor de la casi popular Eternal sunshine of a spotless mind); algunos de los actores que me caen bien son Edward Norton, Klaus Kinski, John Turturro, Steve Buscemi y Vicent Cassel. De los mexicanos prefiero a del Toro, Ripstein, Giménez, Zayas, Vitola, Marcelo y Tin-Tan.

Revistas que leo con fruición son, en riguroso desorden de preferencia, La Tempestad, Cuaderno Salmón, Letras Libres, Picnic, El País Semanal y The Economist, entre otros. De vez en vez compro otras cosas como la Revista del Consumidor y Speak Up. No, no leo Replicante ni Proceso.

De libros lo que más leo es literatura. Menudo problema pues debería dedicar más tiempo a la lectura de cuestiones vinculadas con mi profesión. Autores que reviso con algún fervor son Jorgé Luis Borges, Salvador Elizondo, Alejandro Rossi, Enrique Vila-Matas, Harold Bloom, Juan José Arreola, Antonio Alatorre, Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Thomas Mann y G. K. Chesterton. Me provocan desconfianza quienes tiene por autores preferidos a gente como Monsivais, Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II, García Márquez, Julito Cortázar, Galeano, Sabines, Benedetti, Vázquez Montealbán y Sabato, pues los considero escritores efecticistas y facilones.

Ibargüengoitia - Chesterton

Dice Pérez Gay en su columna de hoy en El Universal que si pienso en un Ibargüengoitia de 80 años, me viene a la cabeza Chesterton.
¿Será?

domingo, diciembre 23, 2007

Rossi: Manual del distraído

Alejandro Rossi ganó el premio Xavier Villaurrutia por su libro Edén. Albricias.
Rossi es un escritor mexicano cuya obra literaria, sin duda, merece ser reconocida (con su trabajo filosófico no me meto porque no lo conozco, pero no me sorprendería que fuera de buena calidad e inusual para lo que se acostumbra en el medio nacional). A ver si a los del premio Juan Rulfo (¿aún se llama así?) de la FIL de Guadalajara se les ocurre entregárselo pronto, no vaya a ser que les pase como con Elizondo que se murió sin que los miembros de los jurados se dieran cuenta.
Edén no me pareció el mejor libro de Rossi. Aunque su inicio es bueno, creo que a la historia le hace falta crítica y sorna. Pero ¿sería factible que un niño-adolescente hiciera más murmuraciones malhumoradas sobre la familia, la sexualidad o la idiosincrasia latinoamericana? Como sea, eventualmente tendré que darle una segunda oportunidad: me levanto de mi silla en este momento para ir al estudio y guardar Edén en el cajón del librero destinado a los textos para relectura.

Si tuviera que escoger sólo un libro por el cual reconocer a Rossi, elegiría el Manual del distraído: una extraordinaria recopilación de ensayos literarios publicados originalmente en Vuelta.

El Manual me gusta mucho por su tono y ritmo, con los que Rossi hace una ostentosa demostración de su solvencia con el manejo de “el estilo”. La mayor parte de los textos tienen como pretexto un evento de la vida cotidiana; minucias en las que cualquiera de ustedes difícilmente se detendría a reflexionar, pero que bajo la mirada de Rossi se vuelven materia de atento taxonomista.

La lectura bárbara es uno de los ensayos que me entusiasman y deslumbran. El sonido agradable de las palabras bien acomodadas, la critica cáustica y las imágenes que hablan e invitan a la sonrisa -características todas del Manual- se conjugan gratamente aquí. El primer párrafo es una síntesis de cómo la forma no sólo sirve para decir “fondo”, sino que canta y encanta:

“Leer mal un texto es la cosa más fácil del mundo; la condición indispensable es
no ser analfabeto. Una vez superada esta etapa, más cívica que intelectual, las
posibilidades que se ofrecen para desmantelar, tergiversar e interpretar
erróneamente una frase, una página, un ensayo o un libro son, no diré infinitas,
pero sí numerosísimas. No pretendo ni agotarlas ni clasificarlas, tareas
destinadas a eruditos pacíficos o a hombres seguramente geniales. Me conformo
con enumerar algunas variedades exponiéndolas no por su rareza sino por su
recurrencia. Nada de cisnes negros o tréboles extraños; más bien perros
callejeros que trotan en grupo”.


En fin, si hoy tuviera que sugerirle la lectura de un libro a alguien que no me lo preguntara, le propondría el Manual del distraído.

sábado, diciembre 22, 2007

Stevenson: una especie de amistad reconocida por la policía


Nací 84 años después de la muerte de Stevenson; sin embargo, lo que escribe en sus ensayos y cuentos se refiere con frecuencia a asuntos que me ocupan con alguna cotidianeidad. La manera de plantear sus temas e intentar solucionarlos, o bien, la de presentar escenarios con arreglos diversos no sólo es amena, sino ingeniosa. Entretenida y curiosa por decir lo menos.

En esta ocasión comparto algunas proferencias sobre el matrimonio tomadas de “Virginibus puerisque”. Tal como lo exige el canon del buen ensayo literario, tienen la cualidad del aforismo per se. Juzguen ustedes.


“El matrimonio es aterrador, pero tan aterradora es una vejez fría y solitaria. Las amistades con otros hombres son agradables en alto grado, pero muy inseguras.

“El matrimonio es, ciertamente, un peligroso remedio; nuestra felicidad se basa ya, no en dos o en tres, sino en una sola vida.

“Pero el matrimonio, si bien es verdad que es bastante cómodo, no es, en modo alguno, heroico. Pues en verdad merma y apaga el espíritu de los hombres generosos. En el matrimonio, el hombre se hace flojo y egoísta, y sufre una adiposa degeneración de su ser moral.

“Veinte años atrás este hombre habría sido igualmente capaz de crimen que de heroísmo; hoy es incapaz de lo uno y de lo otro. Su alma está dormida, y podéis hablar sin bajar la voz: no hay miedo de que despierte.

“Algunas de las mujeres más femeninas y de mejor humor son viejas solteronas.

“Un marido oye, después de casado, que un pobre diablo se muere de amor por su mujer. ‘Qué lástima –exclama-; a mí me hubiera sido tan fácil encontrar otra’.

“Sospecho que el amor es una pasión demasiado violenta para poder ser, en la mayoría de los casos, un buen sentimiento doméstico.

“Casi está uno tentado a insinuar que, después de todo, no importa mucho con quien nos casemos; que, realmente, el matrimonio es una afección subjetiva y que, si ya lo hemos discutido suficientemente con nosotros mismos y nos hemos hecho el ánimo a él, podemos 'apechugar' con cualquiera.

“...el matrimonio en su nivel más bajo, aún cuando le consideremos no más de una especie de amistad reconocida por la policía...

“El matrimonio se parece a la vida en esto: es un campo de batalla y no un lecho de rosas.”

domingo, noviembre 25, 2007

Manderlay


No puedo decir que Lars von Trier sea uno de mis directores favoritos, pero sí que me interesa ver todas sus películas. Su manera de hacer cine me representa un reto estilístico. Quiero decir, usualmente se me dificulta entenderlo a la primera, pero siempre quedo seducido por su manera de presentar los personajes y sus historias. El inicio de Zentropa, por ejemplo, me parece alucinante; aunque después me cueste un poco de trabajo seguir algunos momentos del relato.

En el caso de Manderlay, la narración parece más sencilla. Es una historia lineal que, hasta cierto punto y sólo desde cierta perspectiva, puede entenderse como una alegoría de la situación política internacional reciente. En ella, Grace (el mismo personaje de Dogville, aunque ahora interpretado por otra actriz) pasa por una suerte de hacienda norteamericana en la que, más de setenta años después de abolido, persiste el esclavismo. Su buena fe y gran disposición la impelen a detener su viaje para hacer algo por abolirla y, de esta manera, ayudar a los “pobres negros”. Error. Su intervención modifica el equilibrio preexistente y ella no es capaz de propiciar uno nuevo. A los implicados los tiene sin cuidado la posible buena fe de Grace y las virtudes del nuevo sistema democrático que les propone. No les interesa. Los actores (en el sentido de sujetos, no en el cinematográfico) están insatisfechos con el cambio y sufren los avatares de la situación desequilibrada. Perciben que su circunstancia actual es peor y hacen lo necesario para regresar al equilibrio previo.

Tal vez la alegoría internacionalista puede aplicarse literalmente a la situación de los negros en Estados Unidos en el último siglo, pero es seguro que después aplicará perfectamente a lo que ocurra entre este país y varias naciones asiáticas.

Tanto en términos narrativos como de contenido, lo que más me gustó fue el pequeño giro de tuerca que ocurre cuando Grace desea huir de la hacienda. No lo logra por un minúsculo error cometido de manera casi imperceptible. Un error ideológico, cabe resaltar. Planea dejar el lugar cuando su padre pase a visitarla, él –meticulosamente- le informa cuándo y a qué hora estará ahí y cuántos minutos la esperará. Grace no llega a la cita por haber acordado previa y democráticamente el horario. De esta forma se condena a desempeñar un papel diametralmente opuesto al que pensaba representar y consolida una situación diametralmente opuesta a la que decía buscar.

Me agrada la idea de resaltar que la democracia es un procedimiento formal que aplica para ciertos procesos, sobre todo políticos “duros”, y que permitir que contamine otros ámbitos es un error. O un abuso, un mecanismo para imponerse sobre otros. Establecer por votación que un instrumento de investigación para recolectar datos es mejor que otro es un error, por ejemplo, pues no se trata de encontrar al más popular sino al más propicio para el fin que se persigue. Aunque este mismo sea una convención, determinar el horario por popularidad también es un error. Ambas decisiones tienen consecuencias y es seguro que no logren el objetivo buscado debido al procedimiento incorrecto.

Como en otras de sus películas, el énfasis narrativo de von Trier está puesto en los diálogos y situaciones dramáticas; no hay escenarios espectaculares ni intento de recrearlos. En su lugar, apenas encontramos rayas en el piso, unos pocos elementos que con la actuación de los personajes dan pie a saber que estamos frente a un campo de algodón o ante unas preciosas magnolias. Aunque tal vez, también podría decir lo contrario: como en otras de sus películas, el énfasis de von Trier está puesto en el estilo, no en el discurso narrativo. Un estilo por momentos abigarrado, pero siempre engañoso, que puede seducir y que contiene un discurso no convencional que es, no obstante, fácilmente estereotipable. Como sea, desde cualquier punto de vista, von Trier pues ser caracterizado empáticamente como un provocador.

Un último detalle: Willem Dafoe es uno de los actores que mejor me caen, su cara me gusta muchísimo.

viernes, noviembre 23, 2007

Somos el recuerdo de alguien que está olvidando

La primera vez que leí a Elizondo fue cuando cursaba el tercero de secundaria. Era la historia de Pao-Cheng, creo.

El autor de Farabeuf se volvió mi favorito desde ese momento. Sin embargo, tuvieron que pasar algunos años para leerlo de nuevo. La lectura, si bien era algo que me gustaba, no era algo que buscara. Además, aún no tenía un criterio formado y lo mismo leía a Elizondo que los cuentos de "Plubio" o "Karmatrón y los transformables". Este cómic, por cierto, en combinación con la historia de Pao-Cheng, me estimularon a fantasear con el que ahora es uno de los recuerdos de infancia que aprecio: jugar a imaginar que, así como yo leía la historia de alguien más en un cuadernillo, mi vida formaba parte de la que otra persona leía, encadenándose así un número “n” de secuencias.

El lugar con el que asocio este recuerdo es el derruido camarote superior de un vagón de tren, en algún punto del trayecto Guadalajara-Irapuato, del viaje hasta la Ciudad de México. Para pasar bien las horas de traslado, lo recuerdo perfectamente, me equipé con un lonche de pierna de la Lonchería Chulavista, una Tropicana de uva al tiempo y un par de “Karmatrones”.
Más o menos desde entonces prefiero los trayectos que son fin a los destinos que no me llevan a ningún lado

sábado, noviembre 10, 2007

Duda


¿Cuántas horas de su vida adulta pasa un chilango promedio estacionado en doble fila?

sábado, octubre 20, 2007

Joao Guimaraes Rosa

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Duro y malo como la esquina
de una mesa
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martes, septiembre 25, 2007

Crónica Neurótica

¿Es usted un lector exigente pero tiene poco tiempo para leer? Entonces No estamos para nadie. Escenas de la ciudad y sus delirios de Rafael Pérez Gay es el libro indicado para su pequeños momentos de esparcimiento.

Supongamos que, por el agitado ritmo de vida que lleva, usted precisó cambiar ese cómodo "love seat" de la sala por el retrete; puede leer 20 minutos en la mañana y 20 minutos en la noche. Entonces, debe saber que la extensión de los textos que forman parte de este libro empata felizmente con el tiempo que una persona promedio pasa sentada en un escusado; además, las quejas, bufidos, ocurrencias y evocaciones tocadas en ellos son ideales para hacer más amenos esos momentos que la mayoría precisamos estar en el baño.

No estamos para nadie... podría ser descrito como un conjunto de “ensayos literarios”. En ellos, con la excusa de comentar la vida cotidiana en una colonia buena onda venida a más de la Ciudad de México, Pérez discurre como diletante profesional sobre aspectos variopintos que a veces invitan a sonreír y a veces a soltar la carcajada. La vecina (“cubana de fuego”) que atraviesa semidesnuda reiteradamente por la ventana frente a la suya, los franeleros, "viene-viene" y lavacoches que decidieron quedarse a vivir en el camellón de la avenida frente a su casa (liderados por Timoteo, quien no aparece nombrado en el libro) o la calidad de los servicios que ofrece Luz y Fuerza del Centro son pretextos para evocar momentos de infancia, ofrecer su punto de vista sobre el cambio por el que ha transcurrido la ciudad en al menos los últimos cincuenta años o bien referirse eruditamente a historiadores que en otros siglos documentaron el permanente proceso de construcción-reconstrucción de la capital del país. Todo con una perspectiva quejumbrosa y malhumorada de envidia que termina por agradar hasta al más buena onda.

Leí por primera vez la mayoría de estos ensayos en la sección “Ciudad” de El Universal, donde fueron publicados semanalmente como “Crónicas Neuróticas”. Desafortunadamente, de un par de semanas a la fecha la columna dejó de aparecer cada lunes y ahora lo hace intermitentemente (cuatro semanas no, una sí) cualquier día de la semana. En esta nueva época Pérez ya no aparece como escritor neurótico, sino como uno cuerdo y su espacio es publicado los miércoles en la sección de editoriales; ahí uno tiene la ventura de leer tanto diatribas contra Frida como exaltaciones de Marx (Groucho, por supuesto).

En fin, es cierto que hay ciclos, pero uno desearía iniciar todas las semanas con una perorata bien escrita y poder, meses después, sentarse en el sillón favorito a releerlas pulidas en formato de libro.

jueves, agosto 09, 2007

domingo, julio 29, 2007

Pitazo

Después del fracaso sonoro del blog de de la Colina y el éxito rotundo del de Sheridan, Letras Libres está por iniciar el blog de Domínguez Michael. Excelente alternativa frente al primero y seguro perfecto complemento del segundo.

Por cierto, Krauze Jr y Krauze Jr-Jr se leen felices con el blog que les puso su papá, ¿ya le echaron un lente a los refinados comentarios de Leoncito y Danielito en el "blog de la redacción"? No lo hagan.

sábado, junio 16, 2007

Idiomática

"Ni raja ni presta
el hacha"

sábado, mayo 05, 2007

El Violín: "no señor, se acabó la música"

Para decidirme a ver El Violín precisé obviar algunas referencias que la hacían poco apetecible. Entre las más desagradables estaban ser apadrinada por la dupla de niños bien Diego-Gael y por la muy venida a menos revista Proceso, la publicidad que resalta que El Violín estuvo ya en cartelera comercial en Francia y Polonia, pero no en México (lo que insinúa cierta censura y es bien sabido que "denunciar" censura es una excelente estrategia de ventas); la fotografía en blanco y negro, así como el tema de tinte político que propicia planteamientos maniqueos y resoluciones facilonas.
Sin embargo, encontré en El Violín una película interesante y, sobre todo, bien narrada. Una historia –ehem- que podría estar sucediendo ahora en Soledad Atzompa o que pudo haber ocurrido lo mismo hace quince años en las cañadas de Chiapas o hace treinta en la sierra de Guerrero, una historia que logra momentos de tensión basados en la ambigüedad de lo narrado y que concluye con un giro parcialmente inesperado.
Hay escenas que definitivamente no me gustaron. Por ejemplo, cuando don Plutarco –el personaje principal- adoctrina a su nieto sobre los “hombres verdaderos” (un abaratamiento de las historias tojolobales, de la reelaboración neozapatista y una injusta alusión –para ambos- del viejo Antonio) y cuando alecciona a su hijo sobre la importancia de su guitarra. También me pareció innecesario que el hijo se llame Genaro y el nieto Lucio, ambas alusiones salen sobrando a la luz de la historia; “Plutarco” a secas me gusta, pero con el apellido Hidalgo ya no tanto.
En cambio --y contra con lo que esperaba-, me gustó la fotografía en blanco y negro en combinación con el paisaje, las caras y expresiones (en particular las de don Plutarco y Genaro resultan buenísimas, son la antípoda de la buena onda tipo sexopudorylágrimas); la relación de seducción, confianza contenida e interés entre don Plutarco y el capitán; la ambigua secuencia en la que dos soldados de rango menor detienen a don Plutarco para entregarle “un taco” (¿lo hacen porque, finalmente, son gente como don Plutarco y apoyan su causa o bien por instrucciones del capitán que busca tenderle una trampa?); y el juego de doble narración e intenciones ocultas con el que termina la película.
La narración de los protocolos también me gustó mucho y creo que, visto en abstracto, podría tener que ver con cierta posible moraleja de la película. Primero, las secuencias en las que Genaro compra queso y viaja en un camión de redilas y aprovecha para intercambiar información con mujeres me parecieron sumamente disfrutables, lo mismo cuando en la cantina Genaro verifica el estado del armamento que trafican. Después, me parece que la película termina siendo la historia de un personaje que puede ser visto como un “pendejo con iniciativa”: Don Plutarco es un tipo que se siente más listo que viejo y por lo tanto rompe todos los protocolos, al hacerlo se evidencia ante el capitan, introduce “ruido” en la organización subversiva y provoca el desenlace de la historia
.

domingo, abril 15, 2007

Sunshine

Además de las referencias obvias, como Solaris de Tarkovski; 2001: A space odyssey de Kubrick, y Alien de Scott, encontré en Sunshine de Danny Boyle una pequeña alusión a otra buena película: Apocalypse Now, ¿no es Pinbacker una suerte de Coronel Kurtz cien años después... o doscientos si –mejor- evocamos a Conrad?

Además, aunque creo que aquí no hay relación, Pinbacker me suena a Pickwick... ¿qué no?.

jueves, marzo 15, 2007

martes, febrero 06, 2007

Idiomática: Que se te vaya el santo al cielo.

Dice Jorge Castañeda en su artículo Televisa, Univisión: ¿qué sigue?, aparecido en Reforma el 5 de abril, que:

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Entre que ya no querían gastar más, que socios como Cisneros y algunos otros no querían seguir pujando, y que algunos directivos estaban concentrados en el Mundial de futbol, pues simplemente se les fue el santo al cielo.

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miércoles, enero 10, 2007

sábado, diciembre 30, 2006

(Highlighting) Bartleby y compañía



"...una gorda horrible, lo más semejante a una campesina de Transilvania.

"...la soledad es para adolescentes cursis y temblorosos, no sé si lo sabías. La soledad es un tópico.

"Me dijo que estudiaba derecho porque filosofía era una carrera sólo para niñas y monjas.

"66) He trabajado bien, puedo estar contento de lo hecho. Dejo la pluma, porque anochece. Ensueños del crepúsculo. Mi mujer y mis hijos están en la habitación contigua, llenos de vida. Tengo salud y dinero suficiente. ¡Dios mío, que infeliz soy! ¿Pero qué estoy diciendo? No soy infeliz, no he dejado la pluma, no tengo mujer, no tengo hijos, ni habitación contigua, no tengo dinero suficiente, no anochece".
Enrique Vila-Matas,
Bartleby y compañía

miércoles, noviembre 22, 2006

Sontag: ensayo y ficción

El ensayo y la ficción son modos diferentes de pensar y de escribir. Al menos una de las diferencias es que en el ensayo se escribe con una voz única. Ni siquera es necesario que sea la voz propia, es una construcción, la voz de un alter ego en primera persona, aún cuando esa primera persona no aparezca nunca. En la ficción, en cambio, el escritor imposta la voz. Incluso en una novela escrita en primera persona aparece otra voz, aparecen muchas voces. La ficción es un horizonte mucho más amplio, donde también puedo incluir elementos del ensayo.

Susan Sontag

Entrevista con Graciela Speranza, públicada en Cuaderno Salmón, Año II, núm. 5

viernes, octubre 06, 2006

Salud (dinero y amor)

Insospechadamente, quienes salen al quite en este aciago octubre son Los Rodríguez. Otro regalito dejado en esta inOportuna computadora del trabajo. * Creo que lo tiene, sería natural considerando su buen gusto y los surtidores ricos que ha gozado a lo largo de su vida, pero si algún Cedé quise hacerle llegar este 2 de octubre fue Sin Documentos. * Como sea, mi Rock perdido, dejo a su consideración esta rola

Salud (dinero y amor)

Brindo por las mujeres que derrochan simpatía
Brindo por los que vuelven con las luces de otro día
Brindo porque recuerdo tu cuerpo y olvidé tu cara
Brindo por lo que tuve porque ya no tengo nada

Brindo por lo que tuve porque ya no tengo nada

Brindo por el momento en que tú y yo nos conocimos
Y por los corazones que se han roto en el camino
Brindo por el recuerdo y también por el olvido
Brindo porque está noche un amigo paga el vino

Brindo porque está noche un amigo paga el vino

Porque la vida es dura por el fin de la amargura
Brindo porque me olvido los motivos porque brindo
Brindo con lo que sea que caiga hoy en el vaso
Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso

Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso

Brindo por seguir queriéndote toda la vida
Casi está lleno el vaso con la sangre de otra herida
Brindo con emoción, pero también brindo con frialdad
Que la salud no falte a toda la humanidad

Que la salud no falte a toda la humanidad

Desde un rincón del mundo brindo contigo
Caiga quien caiga brindo sobre la luz de una vela
Toda la noche brindo y que la mañana venga
No es un momento triste ya que vengo con amigos
Brindo con el futuro con la noche de testigo

Brindo con el futuro con la noche de testigo

Si alguna vez no brindo siquiera por tonterías
Brindaré con silencio por la fortuna perdida
Brindaré muy en serio por una vez en la vida
Brindo hasta la cirrosis por la vacuna del sida

Brindo hasta la cirrosis por la vacuna del sida

Desde un rincón del mundo brindo contigo
Salud!

lunes, septiembre 18, 2006

Veo una y otra vez nuestras fotos. Las reviso exhaustivamente. La conclusión más obvia es que si en el transcurso de los últimos años fui muy feliz, ese momento fue cuando vivíamos juntos en el departamento de Ana. También estaba contento cuando yo seguía viviendo ahí y ella aún era mi pareja. Sin duda también hay afecto en el espacio de su departamento, cuando volvimos a vivir juntos. De verás: ¿qué pasó?
*

Después de todo ¿quién puede culparla? ¿A quién le gusta estar con un tipo pusilánime, como yo?

viernes, septiembre 15, 2006

Todo me la recuerda. Cualquier lugar es pretexto para evocarla y acordarme de que tal o cual cosa le gustaría. Coyoacán es horrible en esa medida, estoy seguro que le fascinaría vivir por aquí. Lo mismo pasa con toda mi música, cualquier canción es pretexto para recordarla. Por si fuera poco, mis hábitos alimenticios son suyos; no puedo ir al súper y escoger algo sin que su imagen aparezca (lo más difícil es pasar por la parte donde está la comida y objetos para perros, la suma de recuerdos es dolorsísima).
(Desde la primera noche duermo con dos almohadas, una de ellas es la que ella utilizaba en nuestra cama, la otra es con la que yo dividía nuestros espacios. La primera conserva la misma funda que acogió su cabeza durante las últimas semanas, el contacto y el olor son indisociables; no quiero lavarla aunque está sucia).
No debería, pero me sorprendo ansioso revisando compulsivamente mis cuentas de correo electrónico y su blog para ver si escribió algo. Me da pena que compañeros de trabajo se dan cuenta la frecuencia con la que abro mis cuentas personales. Es desagradable darme cuenta que no puedo evitar cada 30-20-15 minutos entrar a internet sólo para verificar que no le interesa saber más de mí, que prefiere no escribir(me) nada. Nada.
La palabra que describe mi situación es apego a una fantasía, a una situación y sensación que realmente apenas existió. ¿Dónde están todos esos momentos desagradables e incómodos?

miércoles, septiembre 13, 2006

‘Ríos y ríos de lágrimas forman ríos y ríos de amor’ me dijo mientras me besaba la frente y luego me dijo adiós. Ríos de sueños que yo sé muy bien que nunca se harán realidad fluyendo en mis venas y mi soledad conmigo para siempre estará. Si un segundo a tu lado la vida, yo viví un millón de veces mas. Y no me arrepiento de haberte querido, pero sí de no haberte olvidado mientras pude. Ahora el sol ha dorado mi cara, ahora el sol brillará mucho más. Tan sólo me quedan recuerdos de tu alma y tal vez...

Deliberada, pero sobre todo involuntariamente, hay canciones o grupos que relaciono con alguien; las asociaciones más significativas son con ex parejas, pero también ocurren con lugares y trayectos.
Digo que suceden sin que yo lo decida porque en más de una ocasión el tipo de música no es el que más me agrada y en otras es incluso de un tipo que definitivamente me irrita.

I don’t believe that anybody feels the way I do about you now… I say, maybe, youre gonna be the one that size me and after all youre my wonderwall.

A r., por ejemplo, la asocio con Jarabe de Palo y con La Flaca (o algo así), y no precisamente por la referencia obvia a su peso; a c. con los Cadillacs y en específico con Ríos de Lágrimas; a P. con Radiohead y en especial con No Surprises, pero también con otras rolas de Ok Computer como Paranoid Android, Exit Music (For a Film) y Karma Police. Estas últimas canciones, curiosamente, las escuché por primera ocasión con atención en el cassette “surtido rico” que le regaló un pretendiente, quien luego fue noviecito de una ex pareja mía. También Oasis la evoca. Las canciones de un disco de ellos, en particular, me hacen asociarla a su vez con las tardes de Cosoleacaque, algunas calles de la "manuchaoesca" Minatitlán y un café tan olvidable como caluroso de ese lugar. A Zurdok lo escucho ineludiblemente viendo sus movimientos de manos y cara, los melosos sonidos vocales de Chetes (juro que él mismo dice que algo así se llama) evocan sus gestos alternativamente agradables-desagradables. A Eres de Café Tacvba la asocio con los días que pasamos en Yurécuaro mientras yo hacía trabajo de campo para mi tesis en La Ribera; en particular me acuerdo de las comidas en un pequeño café-restaurante y breves paseos nocturnos por la plaza del lugar. Algo similar debería pasar con los White Stripes y PJ Harvey, pero sorprendentemente no es así.
¡Ah!, también hay grupos que ineludiblemente asocio con ella y con situaciones muy desagradables; son grupos que aunque me gustan, prefiero no escuchar: es el caso de los Rolling Stones y en particular Black Horses (¿así se llama o es Wild Horses?). Discos, como otros pequeños gustos que me echó a perder.

Siempre me encuentro dando vueltas tan rápido, cuando en realidad permanezco estático. Nunca en mi vida pensé encontrar un momento de serenidad, tú me diste algo más. Con este ruido no puedo hablar, se confunde con la realidad, si es que existe de verdad. Pero si acaba pronto, todo volverá a empezar... porque al final: volver a empezar-volver a empezar.

Por todo esto es curioso haber encontrado en la computadora del trabajo algunas de las canciones que más me la recuerdan. Justo cuando me ha pedido no saber más de ella, cuando estamos más lejos y sin embargo tal vez somos –geográficamente- lo más cercano que tenemos.
Sí, en esa computadora inOportuna están Wonderwall de Oasis, Eres de Café Tacuva y Estático de Zurdok.

Vuelvo al sur como se vuelve siempre al amor / vuelvo a vos con mi deseo, con mi temor / llevo al sur como un destino del corazón / soy del sur como los aires del bandoneón. / Sueño el sur: inmensa luna, cielo al revés. / Busco el sur, el cielo abierto y su después. / Quiero al sur: su buena gente, su dignidad. / Siento el sur como tu cuerpo en la intimidad. / Te quiero sur / te quiero sur / te quiero sur.

(Lugares. Pixies con hotel encerrado y central camionera de Torreón; El Gusanito con Cherán; White Stripes con Saltillo-Monterrey; Eurolounge con Villahermosa-Cosoleacaque; Vuelvo al Sur de Gotan Project con Xalapa).

lunes, septiembre 11, 2006

Intenso y homogéneo dolor de hombros

Intenso y homogéneo dolor de hombros. Así es como recordaré al paso del tiempo estos primeros días en la Ciudad de México. El recuerdo será equivalente a un malestar que se extiende al cuello y a la espalda alta, que no deja de incomodar con el paso de las semanas.
Es un dolor conocido. Es el mismo que una vez sentí en el estómago y en las piernas cuando estuve angustiado, tanto en mi infancia como en mi adolescencia; es el que con el tiempo se trasladó al cuello y, alternativamente, a un hombro. Es un dolor que asocio con un comentario hecho por Rafael –que a su vez a mí me relató Rocío-: las mochilas que cargo y a las que introduzco pesos fatigosos son una suerte de penitencia inconscientemente autoimpuesta. Así duele, así desagrada.

jueves, septiembre 07, 2006

Me duele el deterioro de los objetos, de las cosas que usaba cuando estábamos juntos. En especial de las que le agradaban. Me molesta y entristece que se estropeen ahora que ya no hay posibilidad de sustituirlos por otros nuevos, que ya no podemos barnizarlos con (nuestro) afecto.
Pasó hace meses cuando quebré con un movimiento torpe uno de los cuatro vasos feos de rayas amarillas que compramos en Gigante; sucede ahora que una camisa vieja de cuadros rojos se desgarra al lavarla en una lavadora torpe.

martes, septiembre 05, 2006

Apenas ayer prendí la lap. Me parece que fue mucho tiempo sin usarla, la recordaba lejana e impersonal; sin embargo, lo primero que hice al encenderla –automáticamente- fue buscar los vídeos y fotos de Cc. y P.

viernes, septiembre 01, 2006

9:15 am. Vi de nuevo a la mamá de Valentina. Luce distinta: hoy camina acompasada, conversando con y sonriendo a su acompañante, el hombre casi calvo. Además, van tomados de la mano. Ayer, ella caminaba delante de él, iba con brazos cruzados, en silencio y rígida. Aún así me gusta.
También vi a Jorge Chabat, el columnista de El Universal. Desaliñado, desaliñadísimo. Como distraído.
Pasan frente al lugar donde desayuno.
Hora de la comida. Volví a encontrarme a Chabat en la tarde. Caminaba igual de desaliñado, pero además llevaba un vaso enorme desechable con logotipo de McDonalds.
Desazón.