La vida de un hombre organizada hacia la comodidad de una extinción lenta, ordenada y consentida.
jueves, junio 25, 2009
El frío dice la verdad
jueves, mayo 14, 2009
Quevedo: putillas viles, afrentosas
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado,
si de otras tales putas me pagare;
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
martes, abril 14, 2009
Caídas
.
.
viernes, marzo 20, 2009
Houellebecq

Houellebecq me provocaba la desconfianza de los autores pop. Sin embargo, decidí leerlo por influencia de dos lectores confiables –la señorita Lj y el flâneur MMM-, sin sus comentarios favorables no me habría hecho de ninguno de sus libros.
No sé bien por qué, pero esperaba a un misántropo iracundo, crítico, provocador e inescrupuloso. Houellebecq resultó ser eso, pero con corolario. La impresión final que tengo de él después de leer este par de novelas es la de que, en realidad, es un moralista (se vale de narraciones explícitas sobre eventos sexuales para criticar la sexualidad, por ejemplo). No cualquier "moralista", claro. Ni en sus mejores fantasías Carlos Cuauhtémoc Sánchez alcanzaría la densidad conceptual, el tono y el ritmo que –con todo y traducción- domina el francés.
En las dos novelas que le leí plantea la extinción de la humanidad tal como la conocemos hoy día. Imagina que a través de la ciencia podrá darse pie a la creación de una nueva especie que la sustituya; la característica distintiva de ésta, en contraste con aquella, será la supresión del coito, de la necesidad de contacto entre iguales y la inmortalidad a través de diferentes mecanismos creados por el mismo hombre.
Me gusta la constante referencia a elementos científicos, de física cuántica por ejemplo; también la alusiones a rasgos de una suerte de budismo contemporanizado. La narración de los encuentros sexuales me parece satisfactoria, no del todo la caracterización de algunos personajes. Una asociación inevitable es con –aunque quién sabe bien a bien a qué se refiera- el “súper hombre” de Nietzche.
Me pregunto si leeré otro libro suyo. Sospecho que escribiré que no, pero lo haré.
martes, febrero 24, 2009
Gran Torino
No pisé una sala de cine durante un par de meses. En cada una de esas poco más de ocho semanas alcancé a leer comentarios sobre estrenos de al menos una película que, en otra situación, habría ido a ver. No hablo de grandes filmes, pero sí de una agradable dosis del cine que más o menos me interesa. El primer domingo por la noche en el que tuve tiempo para ir no hubo ningún estreno que llamara mi atención. La cartelera de la Cineteca parecía específicamente programada para ahuyentar hasta a los más empáticos con el “circuito cultural”. Las opciones eran películas estrenadas semanas antes y que ya sólo estaban en una o dos salas de los “complejos comerciales”: Slumdog Millionaire y Gran Torino; Danny Boyle contra Clint Eastwood.En otro momento habría elegido el filme del primero sin dudar. Aunque creo que he visto más películas que me han gustado de Eastwood (Bird, Unforgiven y Mystic River, por ejemplo), tres películas de Boyle habrían pesado sustantivamente para decidirme por él: Shallow Grave, Trainspotting y 28 Days Later. No fue así en esta ocasión: la referencia hindú me dio flojerita, el reconocimiento ampuloso me hizo desconfiar y me decanté por la referencia sobria de Eastwood. No fue mala elección.
Calificaría a Gran Torino como una película mediana entre las buenas. Si tuviera que darle una puntuación en una escala del uno al diez, le otorgaría un 7.5, aunque estaría tentado a darle el ocho. Me gustó la escena de contraste entre la pandilla mexicana (¿latina, mejor dicho?) y la china (¿asiática, mejor dicho?); los primeros tienen autos americanos viejos descuidados y revolvers, los segundo autos japoneses casi último modelo y ametralladoras. También me gustó la constante referencia a la ascendencia y orígenes diversos de los habitantes de Estados Unidos: polacos, italianos, irlandeses, afroamericanos, mexicanos, chinos; a pesar de que hay un desplazamiento espacial entre ellos, las posiciones sociales se conservan (los primeros sobre los segundos, naturalmente). Me pregunto si Eastwood actúa o siempre es así; sin duda, su papel natural es el del personaje malhumorado y quejumbroso, casi siempre violento. El final fue inesperado para mí, algo que aprecio; sin embargo, me pareció inconsistente con otros elementos proporcionados en la película (la fuerte cohesión social del grupo étnico sudasiático y el temor de los testigos a represalias por parte de la pandilla, entre otros). En fin, verifiqué que las películas de Eastwood son garantía de algo más que una buena historia narrada eficazmente.
miércoles, febrero 04, 2009
La verdadera infelicidad real
Un mundo falso que se presenta como verdadero e imita a la vida real de tal manera que suplanta lo real por su opuesto sustituyendo, por ejemplo, la verdadera infelicidad real por ficciones de alegría.Lefebvre
miércoles, enero 14, 2009
Bartleby sin nueces
Rompí mi hábito de alimentación: ni sushi ni griego ni carne asada al mediodía; fui a comer tacos de guisado a un popular lugar del que sabía por referencias de mis compañeros –“Los Güeros”. Caminé y dí vueltas para encontrarlo, apenas contaba con nociones vagas de dónde estaba. Tuve una difusa sensación placentera al zigzaguear por calles intuidas, no aprendidas; me gusta caminar por lugares así: arbolados y con casas “viejonas” tipo, digamos, Barragán. Cambié mi protocolo alimenticio intentando darme un pequeño “gusto”, un premio de consolación por haberme ganado estar así. No es la hoja para escribir que cometí errores, pero sé que en un instante gané las reservas de compañeros otrora deferentes; tampoco es el espacio para señalar por qué quería estar lejos de ese lugar.
Los trabajos técnico-burocráticos que me pidieron que concluyera antes de irme, por cierto, y que hice con poco entusiasmo, son prescindibles y estoy seguro que no sirvieron para nada. Imagino a mi jefe días después, a mis ex compañeros en el mejor de los casos, revisando con gesto displicente y de manera superficial lo que elaboré.
Al salir del edificio tropecé por casualidad con S., quien me dijo un afectuoso –sentí, quiero creer- “ay, muchachito”; nos abrazamos rápidamente, nos dimos un beso en la mejilla y salí caminando despacio (S., aunque años mayor que ella, me recuerda a mi primera pareja afectiva; su gesto continuo de contrición y su adusta manera de vestir me gustaban). Caminé por inercia hacia la estación de transporte público de siempre. Nunca tomé la más cercana, prefería caminar algunas cuadras y abordar el Metrobús en la estación que está dos o tres lugares más al sur. Anduve con sensación de desasosiego, creo. Fue como caminar perdido por las calles que recorría todos los días. Curioso: aunque lloviznaba, y sin proponérmelo, llegué hasta el parque La Bombilla; recorrí una distancia “larga”, un tramo que uno no anda comúnmente a pie. No estaba cansado, pero sentía el cuerpo lánguido. La sensación era, dicho de manera elaborada y un poco imprecisa, de Bartleby sin nueces. De no estar.
Al dejar la oficina, aposté fuerte. Mal que bien, dejé un conjunto de certezas sustantivas (no sólo económicas; afectivas y domésticas también) acordes a mi estatura y capacidad por una apuesta del tipo “doble contra sencillo” que nada me garantizaba obtener... ni mi esfuerzo, creo. Existía una identidad entre mis capacidades y la posición laboral que despreciaba, pero al desprenderme de ella sentí que dejaba algo más y apareció una sensación inesperada de vacío.
El punto es que, como entonces, me siento ahora. Con la certeza de que, hoy, aquí y ahora, así son las cosas. Y está bien, creo. Quiero decir: la situación “así es”, en términos –exagerando- ontológicos, sin elemento moral. Y sí, al seleccionar un punto de referencia y medirme con él, salgo perdiendo; resulto indeseable desde ese punto de vista. Lo entiendo y, aunque no me gusta, aunque duele, quedo conforme; sin embargo, hay cierta sensación de incertidumbre. Similar a la sensación de desasosiego que puede experimentarse cuando se espera algo con mucho entusiasmo y expectativa, pero no se obtiene nada; aunque entonces no alcancé a percibir con claridad qué era lo que esperaba y qué era lo que tenía que hacer o decir para obtenerlo.
miércoles, diciembre 31, 2008
Regla de Lord Chesterfield
jueves, diciembre 18, 2008
The Vaselines
martes, noviembre 18, 2008
Otra, tengo la permanente y difusa sensación de que se me fue el tiempo, de que me quedé atrás y atorado, de que ya no pude hacer lo que anhelaba de la forma que deseaba.
sábado, noviembre 08, 2008
miércoles, octubre 08, 2008
Los fracasos, las enfermedades
domingo, septiembre 07, 2008
domingo, agosto 17, 2008
Me muevo y, sin proponérmelo, dejo una suerte de minúscula huella. Pequeños indicios. Más tarde, al pasar de nuevo por donde estuve, a veces, más o menos, los reconozco.
Recuerdo. Tengo ataques. Súbitas evocaciones. Calles, conjuntos desarticulados de sensaciones, caras, nervios y atmósferas en las que estuve.
Me sorprenden algunas cosas que pensé o dije, muchas decisiones que tomé. No me reconozco ahora, ni entonces, en ellas. No sé por qué hice algunas muchas-pequeñas cosas ni qué hice en tantos momentos que se sienten como huecos. ¿Cómo llegué hasta aquí?
Me pregunto porque no frecuenté más a alguien que ahora rencuentro. Por qué quería ser amigo de otras personas, por qué frecuentaba a ellas y no a otras, qué me hacía evitar a personas que ahora me resultan agradables.
sábado, agosto 09, 2008
Clásicos instantáneos
sábado, agosto 02, 2008
jueves, julio 10, 2008
México en VBS
Ví algunos, son disparejos. Los que más me han gustado hasta ahora son los dedicados a una casa de descanso para prostitutas retiradas instalada en Tepito y una larga e interesante entrevista a Enrique Metinides –refinado fotógrafo de nota roja. Entre los regulares esta el “detrás de las cámaras” de una sesión de fotografías de softporn con “la única modelo mexicana que permite que la fotografíen sin el top”. Entre los aburridos está una entrevista a un artista pretencioso-pero-buena-onda del DF (por favor corríjanme si mi apreciación es estúpida) de la que sólo es rescatable la locación: la venerable cantina Covadonga.
A su consideración una parte del reportaje sobre la casa de retiro Xochiquetzal:
Y la parte dos, de cinco, de la entrevista con Metinides:
.
jueves, julio 03, 2008
domingo, junio 29, 2008
El verdugo que somos de nosotros mismos y que es preciso poner en libertad
Salvador Elizondo
Letras Libres, Mayo 2008
