lunes, abril 14, 2014

Meredith Monk: perturbación y desconcierto




Llevo semanas escuchándola. Lo que hace me perturba y desconcierta. No sé cómo ni por qué, pero me siento interpelado por su trabajo. Our lady of late, por ejemplo, es un álbum que puedo escuchar de manera ininterrumpida durante días y que me impresiona todas y cada una de las reproducciones.


jueves, octubre 11, 2012

Minucias sobre la elección del nuevo o nueva vice presidenta para la junta de gobierno de INEGI

Tres minucias domingueras sobre la elección de un o una nueva vice presidenta para la junta de gobierno de INEGI que se me han ocurrido por estos días mientras leo aquí-y-allá sobre el tema.

Me quedo, en primer lugar, con la sensación de que deberíamos lamentarnos o estar enojados o algo así por tener que discutir una propuesta en la que hay que estar "rascándole" al CV para encontrar si cumple o no con los requisitos de ley. Y no me refiero a la parte seria y grave del efecto que un proceso "raro" como este puede tener sobre las instituciones autónomas (sobre eso va uno de los artículos que Cárdenas publicó en El Universal), sino a algo más simple: en México tenemos notables sociodemógrafas, expertas en estadística, con montones de publicaciones especializadas y experiencia probada en puestos de nivel alto en la administración pública federal o en organismos internacionales que podrían desempeñar la posición de manera sobrada. ¡Que desperdicio no aprovechar su "expertise"! A vuela pluma uno puede rápido identificar con ese perfil al menos a Paz López, Rosa María Ruvalcaba o Marcela Eternod. Y tal vez que me quedo corto aventurando sólo estos nombres. 

Además, en este contexto y a estas alturas, creo que uno bien podría estar preguntándose ya no sólo si la candidata propuesta por el presidente tiene perfil para ser parte de la junta de gobierno de INEGI, sino si tiene el conocimiento y sobre todo la experiencia que, tal vez supongo con ingenuidad, uno asume que ameritaría una dirección general de evaluación y monitoreo de los programas sociales de una secretaria tan relevante como Sedesol. El detalle con el que se ha escrutado su cv por estos días ha mostrado que la servidora pública en cuestión parece no tener experiencia en materia de evaluación. No estoy seguro, pero no me imagino un perfil de puesto para una dirección general en el que se establezcan menos de cinco años de experiencia específica. No digo que la persona en cuestión no sea muy capaz y aún brillante, es sólo que parece que todavía no ha tenido oportunidad suficiente para demostrarlo (la experiencia, ni modos, se obtiene en buena medida en función de la edad).

Y, por último, una franca trivialidad: las redes sociales son nutridas en "comisarios del pueblo", estas figuras virtuales (o socio digitales como dice Delabre) que regañan a diestra y siniestra con base en cierto rasero moral que podría amablemente describirse como de "corrección política". ¿Han notado que muchos de ellos no han dicho nada sobre el tema? Opinan rápido y bien nutrido lo mismo sobre el "guapa" y la desigualdad de género que sobre el proceso de selección del fiscal anticorrupción o el clima, pero poco o nada sobre este tema de repercusiones políticas e institucionales. Mi impresión es que, o bien, por una parte, esto podría estar relacionado con que algunos de ellos comparten la pertenencia a un grupo informal articulado en buena medida a partir de haber estudiado en la misma escuela privada y, expresa o inadvertidamente, cierran filas con su compañera, portándose en los hechos tal cual como un grupo de presión (algo similar me imagino que podría estar sucediendo con algunos que no estudiaron en esa escuela, pero aspiran a formar parte de ese grupo). O bien, por otro lado, tienen intereses directos porque son contratados por ella o por otros miembros de ese grupo o podrían serlo o aspiran a serlo (aigoei, yo podría estar en esta situación) (o bueno, a partir de este párrafo ya no).

Y bueno, como esto que escribí son ocurrencias, aquí pongo vínculos a algunos de los comentarios serios que se ha publicado al respecto. En ellos se han resaltado elementos importantes para sopesar el caso, desde los que uno supondría básicos como que hay que cumplir con lo establecido por la ley hasta el señalamiento de un posible conflicto de intereses (tanto porque la candidata de presidencia forma parte del equipo que desde el gobierno ha intentado modificar las cifras de pobreza con base en procedimientos metodológicos como porque su cónyuge --que ha trabajado de cerca con Videgaray- recientemente dejó el servicio público para echar andar una empresa especializada en "ciencia de datos"), pasando por enfatizar la importancia de tener estadísticas confiables y resaltar la importancia de no minar (más) la credibilidad de las instituciones más sólidas que se han construido en las últimas décadas, entre otros.



jueves, agosto 02, 2012

Roche: Zonas húmedas



Leí “Zonas húmedas” porque tengo hemorroides. Nunca había compartido esto con nadie. Es más, nunca lo había escrito: h.e.m.o.r.r.o.i.d.e.s. No es algo que me avergüence, creo. Más bien me desconcierta. No sé qué hacer, a quién compartírselo ni cómo decirlo. Ni siquiera me animo a googlearlo para saber bien a bien de qué se tratan. Mucho menos contorsionarme frente al espejo para verlas. Ahora que escribo esto me doy cuenta de que en realidad no sé por qué sé que tengo hemorroides. ¿Son hemorroides? Sí, ya sé, tampoco entiendo del todo esta confusión que me provocan. 

Cuando Guadalupe me pidió leer en voz alta las primeras páginas de “Zonas húmedas” no tenía idea de qué se trataba, así que inicié con el tipo de voz deliberadamente grave e impostada con la que a veces me gusta alardear. Apenas me fui dando cuenta cuál era el tema, perdí la concentración. Me sentí sorprendido: exhibido. ¿Por qué me pidió a mí que leyera esto? Lo que se me ocurrió fue carraspear para ganar unos segundos, dar un vistazo lo más breve y discreto posible a los demás e intentar adivinar si me estaban viendo con, no sé, morbo. O algo. Preguntándose si yo también tenía hemorroides, inspeccionando si se me notaba en la manera de titubear o en mi expresión. Encontré la mirada atenta de Siri, Natalia y Hanif, pero no sé qué vi. No pensé nada. No decidí nada, bajé rápido la vista y seguí leyendo. Creo que hice el esfuerzo menos descontrolado que pude para terminar de leer con algún decoro.

El caso es que, conforme avanzaba en la lectura en voz alta, me iba exaltando. Comencé a pensar que tenía que conseguir ese libro cuanto antes para resolver todas mis dudas. Para saber exactamente de qué se trataban las hemorroides y que Charlotte Roche me explicara qué tenía que hacer para curarlas: cómo se llama el tipo de médico con el que debía hacer cita, qué cosas no tendría que comer, cuál es la forma adecuada de sentarme y, sobre todo, por qué me habían dado a mí que soy un tipo que intenta comer sano, se ejercita cada tanto y hace algún esfuerzo por ser buena persona.

Pero no. Las hemorroides no son el tema del libro. Ni siquiera son la anécdota con la que inicia el relato. No hay una minuciosa descripción de los contornos fisiológicos que pueden tomar o un recuento erudito de las formas en que se han curado a través de los siglos o un repaso de personajes interesantes que las han padecido ni mucho menos un alegato improbable sobre su gracia y distinción. Nada.

A punto de perder mi exaltación, un nuevo morbo me enganchó. Lo que seguía era igual de vertiginoso: “Helen” –la suerte de alter ego de la autora- se prepara para salir de fiesta, tiene toda la intención de emparejarse y su previsión básica es depilarse. Genitales incluidos. Y aquí viene lo sugerente: en un movimiento apenas torpe se provoca una pequeña fisura en el ano. Cualquiera que haya tenido sexo anal (o hemorroides) sabe que esta es una zona que puede ser brutalmente sensible, así que no le sorprenderá lo que sigue: de la heridita salen chorros de sangre que “Helen” no sabe detener. Asustada, llama a una ambulancia y es trasladada a un hospital. La atención que recibe implica una intervención quirúrgica de emergencia para detener la pérdida de sangre.

Durante su convalecencia, “Helen” debe permanecer en observación hasta que ocurra el próximo suceso crítico que pueda generarle una nueva hemorragia: la primera evacuación post operatoria. Mientras tanto no hay nada que hacer más que esperar, así que lo aprovecha para tres cosas: coquetear con el enfermero, fantasear sobre cómo usar como pretexto su convalecencia para intentar que sus padres separados se reconcilien y recapitular con minuciosidad de entomóloga tanto sobre su cuerpo como sobre su vida sexual. Creo que en buena medida de esto último trata el libro (y, en realidad, de eso prefiero que se trate esta nota).

Diría que “Zonas húmedas” es, antes que un relato sobre las hemorroides, un recuento enfáticamente personal y poco común de la experiencia de la autora –en tanto mujer joven- con su cuerpo, sexualidad y diferentes prácticas cotidianas en torno a estas. Poco común para mí, claro está, que leo poca literatura y que sin proponérmelo estoy mal acostumbrado a elegir sobre todo textos de hombres que escriben de temas adustos o en los que se enfatiza algo que tiene que ver con la organización del lenguaje.

Así que, desde este punto de vista, los asuntos sobre los que “Helen” reflexiona durante su convalecencia dan la impresión de ser el tipo de cuestiones que pueden ser incómodas para algunas personas. Podrían, por decir algo, ser tomadas como indicios de –como ella misma escribe- “debilidad psíquica, inseguridad o nerviosismo”. Son la clase de temas que, si acaso, se leen en casa y a escondidas, o bien, de las que se habla más bien rápido, en voz baja y cuidando que nadie se acerque.

Por ejemplo (un mal ejemplo, tal vez), a lo largo del libro hay varios alegatos contra la mojigatería y la doble moral. La autora señala prácticas cotidianas de personas de su entorno que le disgustan por maniqueas y luego describe varias formas en las que ella las cuestiona en el día a día, a través de la realización de un montón hábitos que enfatiza como deliberadamente anti-higiénicos.

Una de estas críticas es al miedo que solemos tenerle a la sangre menstrual y a la adyacente producción industrial de toallas sanitarias para su limpieza. La manera de mostrar su desacuerdo con esto es no comprándolas y, en su lugar, elaborando tampones caseros con papel de baño. Claro, estos “tampones do-it-your-self” –como les dice- tienen algunas desventajas, entre ellas la de durar poco, así que debe cambiarlos cada tanto en numerosas visitas al sanitario. Pero, para “Helen”, esto antes que representar un contratiempo es una oportunidad para enfatizar su punto de vista sobre el tema: cuando va al baño extrae ágilmente su tampón y lo avienta al piso porque “si puedo aportar una pequeña mancha de sangre al mosaico de salpicaduras que luce el suelo, ¡pues de puta madre!”.

Otra desventaja es que a veces se le pierden. Adentro. De ella. Alguna ocasión esto le sucedió en casa de su papá: fue al baño para retirarlo, pero no lo encontró, así que introdujo lo más que pudo sus dedos, los movió, recorrió todas las zonas que alcanzó, pero no salió nada. Contrariada, aunque segura de que ahí estaba su tampón, salió del baño y tomó las pinzas de barbacoa recién usadas para la comida del medio día. Regresó al baño, se tumbó en el piso en posición ginecológica y se las metió, aún con grasa y restos de carne calcinada, hasta que lo encontró. Y bueno, claro que si no limpió las pinzas antes de usarlas, tampoco lo hizo después de regresarlas a su lugar. La verdad es que no puedo evitar imaginar unas pinzas para barbacoa demasiado grandes para ser introducidas en una vulva. Pero eso es lo que ella relata, así que me obligo a pensar en algo más bien pequeño.

Me pregunto si Roche no sabría de las copas menstruales cuando escribió el libro, estoy seguro de que habría sido interesante leer su experiencia con ellas y cómo relaciona su crítica a la industria tamponera con la promoción que grupos feministas les hacen.

Sobre la sangre, por cierto, hay otra anécdota ilustrativa. En algún momento de su convalecencia se le antoja un café. Cree que beberlo es buena idea porque, además de que le apetece, supone que así podrá adelantar la evacuación que le permitirá confirmar si su operación fue exitosa. Así que se levanta con delicadeza de la cama, se cubre con una sábana, consigue dinero de quién sabe dónde y con el mayor disimulo del que es capaz se dirige a la cafetería. En el camino decide que es buen momento para retirar uno de sus tampones caseros (comenzó a menstruar durante su estancia en el hospital), por lo que aprovecha que se traslada sola en el ascensor y levanta su sabana para extraer el papel apelmazado. ¿Su destino? El punto más cercano a los botones de la barra para colocar las manos que rodea el elevador. Llega al piso de la cafetería y sale del ascensor sonriendo. Caminando con gracia. Sus dedos quedan ligeramente manchados de sangre, así que todo lo que toca en lo que sigue también, el billete con el que paga su café, para empezar. Al regresar, el ascensor ya está inadmisiblemente limpio por lo que de nuevo introduce un par de dedos en su vagina, los embarra un poco más con sangre y mancha con simpatía los botones del elevador. La conclusión de su paseo es positiva, recapitula, pues recorrió un largo camino, desconcertó en él por lo menos a tres personas con actos anti-higiénicos y practicó con entusiasmo su afición de propagar bacterias: “un día bueno”, piensa.

Otras de las cosas sobre las que escribe en el mismo tenor (y que me encantaría narrar con detalle en esta nota, pero me contengo porque si no se hace larguísima) son su interés de ir a prostíbulos para tener sexo con mujeres (lo hizo por primera vez cuando alcanzó la mayoría de edad), su preferencia por tener un amante “lo bastante viejo”, su táctica de introducirle de manera intempestiva un dedo en el ano a su pareja hombre cuando éste está a punto de eyacular para que tenga orgasmos más intensos, las posibilidades del porno como material didáctico, la impresión que le causa la intensidad del color del “coño” de las mujeres negras, fantasías de tener sexo con su papá, elucubraciones de cómo tienen sexo sus padres, las varices de su abuela, los requisitos que exige a sus parejas para tener sexo anal y las modalidades en que puede hacerlo, entre muchas. ¡Ah! También hay indicaciones precisas para elaborar juguetes u objetos estimulantes de los genitales que se construyen con huesos de aguacates.

Al final, me quedé sin un texto que me ayudara a paliar mi ansiedad relacionada con las hermorroides. En su lugar encontré un testimonio ameno sobre el cuerpo, sexualidad y prácticas en torno a ellos por parte de una heterodoxa mujer joven.

sábado, julio 14, 2012

"La educación básica es regresiva": una idea conservadora promovida por el Banco Munidal


En 2000 el Banco Mundial dio a conocer una serie de documentos en los que sostenía que el gasto público en educación superior era mayoritariamente regresivo: debido a la inequidad existente en el acceso a este nivel educativo, la participación del Estado tendría como consecuencia favorecer en mayor medida a los estratos medios y altos y, por ende, dicha subvención tendría efectos regresivos sobre la desigualdad del ingreso. 

Su recomendación exhortaba a los países en desarrollo a centrar sus esfuerzos en la educación básica y a implementar mercados de crédito para que los aspirantes pudiesen acceder a la educación superior. Desde ese planteamiento la función del Estado sería regular las imperfecciones del mercado (Escobar y Pedraza, 2010: 378, 386-387).

Afortunadamente esto no sucedió. Aunque se discutieron de manera más o menos amplia, estas ideas del Banco Mundial no se llevaron a cabo. La política social --y en particular la educativa- no debería circunscribirse a lo que eufemísticamente se llama de "superación de la pobreza", por el contrario es importante que incluya un componente fuerte orientado al desarrollo social y económico del conjunto de la población.

Como punto de referencia, y para conocer el sustento de la recomendación, pueden consultarse los siguientes textos:

The Distribution of Mexico’s Public Spending on Education


Y acá un texto interesante para completar el panorama:



sábado, junio 02, 2012

Gira, Moore

Los frontman de dos de las bandas más potentes que conozco.

miércoles, abril 11, 2012

Doctorado \ Mis planes a deshacer



Llego al doctorado con una sensación de “rezago acumulado”. Intento ser más claro: estoy por iniciar el doctorado y, en lugar de entenderlo como un “punto de llegada” o “último jalón” académico que me permita por fin desenvolverme en una vida laboral plena, lo inicio con la sensación de estar en un punto personal en el que se condensan una serie de deficiencias intelectuales y afectivas de largo plazo, producto de mis malas decisiones, la desidia de mis padres, las carencias de los profesores y escuelas en las que cursé mi educación, la irrupción consentida en mi vida de personas desafortunadas y la equívoca suerte.

Por momentos siento como si estuviera por iniciar de nuevo la licenciatura. Como si entrar al doctorado representara una suerte de “segunda oportunidad de vida” para, ahora sí, hacer bien algunas cosas: aprender a pensar, adquirir capacidad técnicas básicas y avanzadas, relacionarme con mis pares, conocer una pareja valiosa, pasear, reiniciar una vida que me dé gusto vivir y de la que me sienta orgulloso... expectativas ingenuamente altas, eh. No es que mi vida actual me desagrade completa y no esté satisfecho con ella, pero estoy cansado de algunos errores, su persistencia y consecuencias de mediano plazo.

Lo que escribo puede leerse dramático, pero no lo es (tanto). Llego al doctorado con muy buen ánimo. Con la disposición de subsanar en la medida de lo posible y de la manera más inteligente que pueda las deficiencias que más me importan ahora. Con la intención de disfrutar cada uno de los casi mil quinientos días que dura, pero sin dejar de seguir “metiendo la pata”.

Entre los aspectos que me gustaría trabajar deliberadamente en los próximos años están los siguientes:

1.    Mentor. Quiero construirme un mentor. Una persona bien informada, paciente y con ánimo de conversación que pueda tener la disposición de orientarme en algunas cosas básicas. No sólo un “modelo de rol”. Pienso que me gustaría construir la relación con –por ejemplo- algún profesor que me ayude a ubicarme y a desenvolverme en al menos dos “cartografías”:

a.   La cultural en lo que concierne a lo académico y la intelectual.
b.   La social en el ámbito académico y laboral.

Andar por ahí conociendo al “tanteo” y suponiendo que con el “capital humano” acumulado o con la experiencia laboral ganada es suficiente son ideas con las que he sobrevivido, creo que de manera decorosa, pero que han provocado que mis “logros” tengan costos notoriamente más altos que los de otras personas más lindas y simpáticas.
Esto implica un cambio en la manera en que me he relacionado con otras personas en la escuela. En la licenciatura y en la maestría privilegié la relación con mis pares; esta ocasión quiero enfatizar la relación con los profesores.

2.    Clásicos. Construir mis cimientos intelectuales. Uno de los rezagos importantes que me disgustan es que, a diferencia por ejemplo de algunos economistas con buena formación o filósofos más o menos entusiastas, no pienso de una manera definida. Ni sociológica, ni antropológica, ni literaria, ni de ningún tipo. Vaya, ni de “guitarrita”. Me faltan cimientos intelectuales que funjan como punto de referencia para aproximarme de manera situada y significativa a lo que sea. Quiero estudiar a los autores y a los libros que construyeron tradiciones preferentemente sociológicas, pero también de pensamiento social moderno y contemporáneo. Aprender a pensar con base en sus ideas, reglas y límites. Saber ubicar diferentes tradiciones opuestas y complementarias.

En concreto, esto implica al menos:

a)   Leer a Freud, Marx, Einstein y Darwin que me parece que en conjunto dan pie a los cimientos de cierta manera moderna –casi contemporánea- de entender la sociedad occidental. Esto más bien es conocimiento de formación muy básica.
b)   Conocer y relacionar con claridad las ideas de los sociólogos clásicos. Pienso en Weber, Durkheim, Simmel, Marx y Parsons –en ese orden. Esto significa leer directamente algunos de sus libros, pero también (y esto no lo sé) textos exegéticos clave.
c)   Conocer con claridad las ideas de los sociólogos más recientes o contemporáneos. Pienso al menos en Elias, Benjamin, Horkheimer, Bourdieu, Habermas, Luhmann, Latour, Zizkek, Sloterdijk que son muy visibles, pero también me provocan curiosidad otros menos difundidos como Goldthorpe, Blossfeld, Camic y Abbott. Foucault me da mucha flojera. Touraine, roña.
d)   Hay dos puntos en los que tengo muchas dudas. El primero es, ¿cuáles son los teóricos sociales no sociólogos que debería conocer bien? ¿Debería concentrarme en Malonowski, Radcliffe-Brown, Evans Pritchard, Eric Wolf, Merleau-Ponty, Mircea Eliade o quiénes?
e)   Otro es el de las discusiones sociológicas básicas desde un punto de vista, digamos, metodológico. No sé si son las que giran en torno a lo macro-micro, acción-estructura, cambio-orden y así. Esto implica leer libros como el vínculo micro-macro, entre otros.

3.    “Clásicos de alcance medio”. Lo que llamo “clásicos” son sobre todo, lo identifico al releerme, sociólogos de teorías de “largo alcance”. Leerlos y entenderlos contribuiría a mi formación básica y a ampliar mi cultura general. Eso es algo que quiero porque siento que eso me permitiría tener referentes para “pensar las cosas”. Sin embargo, para mi vida profesional también necesito conocimiento específico y especializado, conocer lo que Merton llamó “teorías de alcance intermedio” y que, si entendí algo, son las que de manera efectiva posibilitan la investigación empírica. Esta minucia es una de las cosas que dan pie a la diferencia entre formarme como “sociólogo de guitarrita” o sociólogo empírico.

Esto implicaría lo siguiente:

a)   Estudiar los textos básicos sobre estratificación y movilidad social en el mundo y en México. Conozco muchos autores, pero me faltan criterios para jerarquizarlos y priorizar. Además, es muy amplio como lo escribí porque incluye tanto a los diferentes tipos de movilidad inter e intrageneracional como a la discusión sobre clases sociales.
b)   Leer los textos básicos sobre curso de vida. Me avergüenza, pero identifico pocos autores clave: Elder, Hareven, Blossfeld y Bertaux, entre ellos.
c)   Conocer los textos sobre desigualdad social. Aquí estoy muy confundido porque hay aproximaciones como más micro, otras más filosóficas y otras meso-estructurales, pero tampoco soy capaz de distinguir más allá de algunos nombres muy generales.

Entre los clásicos de alcance medio podría también incluir algunos textos y autores mexicanos:

a)   México profundo de Bonfil Batalla.
b)   Pueblo en vilo de Luis González y González.
c)   Herederos de promesas de Guillermo de la Peña.

4.    Metodología. Otra de mis deficiencias importantes es la debilidad y confusión de mis cimientos metodológicos. Digo, es lo más natural si tengo carencias en la parte teórica, ¿no? Quiero profundizar en discusiones respecto a si las investigaciones deben ser orientadas por la teoría o enraizadas en los datos, cuáles son las fortalezas y debilidades de la investigación cualitativa frente a la cuantitativa, cómo han cambiado nociones clave como las de objetividad y causalidad, así como cuáles son las escuelas que sostienen diferentes puntos de vista a cada respecto.
Tengo la intuición de que la forma de subsanar esta deficiencia tiene que ver con la lectura de autores como Popper, Bunge, Piaget; King, Kehoane y Verba.

5.    Estadística. Quiero aprender estadística bien. He tomado cursos desde la licenciatura (la mayoría de regulares a malos con profesores de malos a malísimos) de tal suerte que ya debería tener una pericia mínima de la que carezco. Es verdad que mi vida profesional no me ha exigido su uso de manera cotidiana o compleja, pero me siento inseguro en el tema de una forma vergonzosa. Me gustaría saber estadística tanto en términos de interpretación como de estimación; es decir, no sólo saber qué técnicas de análisis puedo utilizar según qué problemas (así como sus supuestos y límites), sino hacerlo con soltura a través de software especializado (Stata en particular).

En concreto, esto implica:

a)   Cursar simultáneamente la especialidad en estadística del IMAS. No quiero iniciarla al mismo tiempo que el doctorado para no dificultar innecesariamente la transición a la dinámica escolar. Una vez que haya tomado el ritmo en las clases del doctorado, me inscribiría. Si entiendo bien, esto quiere decir que iniciaría en agosto de 2015 o 2016.
b)   Aprender a procesar con soltura la ENIGH, ENOE, ENE, ENEU, ENADID, EDER y EMOVI.
c)   Aprender análisis de regresión, análisis de regresión logística, análisis multivariado, análisis de sobrevivencia, análisis de desigualdad y sistemas de ecuaciones estructurales, al menos

6.    Idiomas. He estudiado idiomas desde que iba en la prepa. Inglés primero y luego, alternándolos, francés y alemán. El resultado es que sé un poquito de todos y no tengo el nivel de dominio que quisiera de ninguno de los tres. Tengo cuatro años para, al menos, lograr escribir en inglés con soltura y leer en alemán con fluidez… aunque justo al terminar de escribirlo dudo cuál debería ser mi tercer idioma, ¿alemán o francés?

7.    Producir. Si tengo un conjunto de planes que surgen como reacción a deficiencias, también tengo al menos un plan que no es un por qué, sino un para qué: quiero ser académico en una institución de educación superior. Para lograrlo, mi prejuicio me dice que tengo que “generar conocimiento” y ser candidato al SNI desde ahora. Es decir, por una parte, escribir con la intención de publicar mis avances y hallazgos de investigación, sea a través de ponencias en foros académicos o textos en revistas.

En concreto, quisiera hacer lo siguiente:

a)   Escribir un artículo con base en mi tesis de maestría en el que dé el “siguiente pasito”: identificar determinantes causales.
b)   Escribir ponencias para la SOMEDE y alguno de los foros internacionales de sociólogos. No quiero que sea un trabajito, sino un texto de análisis empírico que vaya puliendo en distintos foros hasta lograr publicarlo en alguna revista arbitrada.

Here the manuscript breaks off