miércoles, diciembre 28, 2011

Porque te amo, has de permitir que te haga este regalo

Esta imagen dio pie -en buena medida, al menos- a la escritura de una de las novelas que más me han gustado: Farabeuf, de Salvador Elizondo.

Hasta donde sé, fue George Bataille quien la difundió en occidente al publicarla en Las Lágrimas de Eros. En todo caso, ayudó a su difusión al incluirla en su libro. Y, si estoy en lo correcto, fue ahí donde Elizondo la vio por primera ocasión; creo recordar que esto lo menciona en su Autobiografía Precoz.

La fotografía fue tomada a principios del siglo XX en China, representa el Suplicio de los cien cortes. Se supone que la persona (¿hombre, mujer?) que aparece en primer plano cometió un delito cuya pena era la muerte por decapitamiento o ahorcamiento, no recuerdo. La autoridad, al considerar inhumana dicha pena la cambió por el Suplicio.

Básicamente, éste consiste en realizar cien finas incisiones en diversas partes del cuerpo. Al completar la última, la persona sufre una sensación intensísima, similar a un gran orgasmo y muere. La disposición de los participantes en la imagen corresponde al hexagrama chino del número seis.

martes, noviembre 01, 2011

Ternura, osadía, amor y desprecio



Una de las fichas contenía un fragmento de frase atribuido a "Schumann, sobre el Scherzo n. 2 en si bemol menor, Op. 31 de Chopin". Decía: "…tan rebosante de ternura, osadía, amor y desprecio, que bien podría compararse, no sin propiedad, a un poema de Byron".


La visita al maestro
Philip Roth

domingo, octubre 30, 2011

Kid Koala - Basin Street Blues


Caray, cuantas veces puedo escuchar esta canción y ponerme de buen humor, cuantas ver el vídeo y volver a sonreír.

martes, octubre 11, 2011

"Mis mujeres"

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Me impresiona mi espontánea y trabajada capacidad para transformar en resentimiento el inmerecido cariño que algunas mujeres valiosas me regalan.



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Coincidencia graciosa entre ellas es su necesidad de elaborar la desazón que les provoco en sus blogs y redes sociales. Las hay elegantes que aluden con gracia y discreción, las hay vulgares que transcriben fragmentos de correspondencia.

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Otra coincidencia (ésta más bien ridícula): su afición por buscarse. Gustan hurgar en las redes sociales de las otras los indicios de quién sabe qué que no son capaces de escuchar, ver o leer cuando están conmigo. 

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sábado, septiembre 24, 2011

martes, agosto 16, 2011

Margo Glantz: domingo 27 de febrero | 15:20


Margo Glantz está sentada en la terraza del restaurante Entrevero, en el centro de Coyoacán. Se hace acompañar por un joven de alrededor de 20 años que, a saber por qué prejuicios, me da la impresión de ser su nieto.

Sé que vive en el centro de Coyoacán: he leído reportajes sobre su estudio y la manera en que escribe, también he pasado con prisa por tuits en los que se queja del mal trabajo del delegado, de lo sucio del barrio o de lo descuidadas que están las banquetas de la zona. Imagino, sin embargo, el lugar donde vive como una de esas casonas aristocráticas con tapias altas, amplios ventanales y largos árboles centenarios. Cuidadosamente rocambolesca. ¿Tendrá una biblioteca con libreros de madera del piso al techo y de pared a pared? Me da envidia.

Parece que ella y su acompañante comieron juntos y recién terminaron. En la mesa, frente a ella, hay una botella de cerveza Indio vacía y una copa para vino con restos de clericot; frente a él, lo que parecería ser un vaso de limonada vacío. No logro identificar qué comió: aunque aún hay platos en la mesa, apenas hay restos de alimentos. No han ordenado postre. Me llama la atención que el envase de cerveza frente a Glantz tenga la etiqueta descuidadamente rasgada. La imagino ansiosa desprendiéndola: protocolaria y meticulosa como lo es con todos los papelitos que puede rasgar y luego doblar o cortar para hacer numerosos pequeños bultos.

No conversan. Él luce aburrido: desesperado; ella entumida: taciturna: con sopor. Después de todo es el centro de Coyoacán en fin de semana. Uno caluroso.

Me pregunto por qué tengo la idea de que Glantz es frívola, me respondo que es porque la recuerdo más dando opiniones mundanas y criticonas (ya olvidé dónde) sobre zapatos de mujer o trajes sastre que sobre literatura o artes (luego pienso que la memoria me falla y confundo sus opiniones con el título de alguno de sus textos). También tiene que ver –creo- que me decepcionaron un par de libros suyos sobre los que tenía expectativas altas. Las Genealogías en especial. Entonces reparo en que me llama la atención la forma en que luce: el cabello teñido de una suerte de carmín intenso y firme, las manos y el pecho enjoyados, sus uñas pintadas de rojo, su manera de sentarse tan derecha. Diría que es una señora elegante.

¿Me cae bien Margo Glantz? ¿Me interesa su obra? Creo que me agrada como personaje, aunque ya no me interesa leerla.

viernes, julio 15, 2011

Idiomáticas dominicanas


Le mató el gallo en la funda

Cuando te chingas a alguien antes de que la otra persona pueda reaccionar, sin que se lo espere.



Extracto de malta con hemoglobina



Algo tiene “extracto de malta con hemoglobina” cuando es muy audaz.



miércoles, junio 15, 2011

Tesis, dedicatorias, justificaciones


Reflexiono sobre el tema, metodología, técnicas de análisis y fuentes de datos que podría utilizar en mi tesis. Caray, esta sería la tercera que escribo; cada vez menos profesionistas pueden preciarse de eso, ¿cierto? Con la adopción de nuevas modalidades de titulación de licenciatura que propician la “eficiencia terminal”, son más los “garbanzos de a libra” quienes obtienen el grado y más las personas brillantes que se excusan de demostrar frente a un tribunal su capacidad de pensar, escribir e investigar.

En una conversación con una querida ex compañera de trabajo, discutía sobre las características deseables de quien debería tomar un puesto en nuestra oficina. Sostuve con fingida firmeza que uno de los requisitos indispensables debería ser que hubiera escrito una tesis en cada uno de sus grados. Una persona que había logrado escribir una tesis –argüí- demostraba, en teoría, poseer cualidades deseables en términos de casi cualquier relación laboral y personal: compromiso y sacrificio, dedicación y capacidad de lograr objetivos de largo plazo, claridad para distinguir fines y los medios que conducen a éstos. Ni ella, ni las otras personas que nos escuchaban, estuvieron de acuerdo. Yo tampoco. Al menos hasta cierto punto. En buena medida, los principios que presenté eran más una forma de convencerme a mí mismo que las decisiones escolares y laborales que tomé en las últimas dos décadas –más o menos pertinentes, más o menos equivocadas- no fueron tan malas y tienen sentido en relación con ciertos principios valiosos.

El caso es que lo que me ocupa más en este proceso de reflexión no es la lectura de ensayos que tratan el tema que me interesa. Tampoco la escritura de las ocurrencias que surgen durante el escrutinio de estos textos ni identificar las preguntas de las encuestas que podrían contribuir a lograr mis objetivos de investigación. Lo que me distrae más es la dedicatoria. Escribir la de las dos primeras tesis fue sencillo. Había una mujer que amaba, admiraba y que me había ayudado de diferentes maneras a realizar las tesis. Dedicarle mi trabajo fue algo más que un acto de reconocimiento.

En la tesis de licenciatura le escribí esto:

A [ fulana ], quien estuvo presente amorosa e intelectualmente a lo largo del proceso de realización de la tesis. Pensó conmigo el diseño de la investigación, me acompañó durante la estancia de trabajo de campo, leyó el borrador completo e hizo valiosas sugerencias. Podría, sin dificultad, firmar como coautora varios de los capítulos que presento.

Por cosas que no vienen al caso precisar, no publiqué la dedicatoria de la segunda tesis. Aunque la nostalgia provoca que me den ganas de transcribir esa dedicatoria “ciega”, no lo haré.

Lo que sí escribiré, en cambio, es en lo que quiero concentrarme en este momento: algunas razones por las que pienso por qué podría ser importante este tema de tesis: Clase media en México, 1992-2012. Estructura de clase y movilidad social intergeneracional. 


El tema de la expansión de la clase media en México tuvo amplia difusión en los medios de comunicación durante el último par de años. Primero, Luis de la Calle y Luis Rubio (2010) publicaron un polémico libro en el que sostenían que nuestro país estaba conformado en 52 por ciento de personas pertenecientes a la clase media. Esta aseveración se refería a 2002 y 2008 y aludía a la estructura de consumo basada en el acceso a determinados bienes. La discusión sobre dicha aseveración alcanzó al presidente de la república de la administración 2006-2012, Felipe Calderón Hinojosa, quien en 2012 pronunció un discurso en el que sostuvo que –en efecto- México estaba convirtiéndose en un país de clase media. Para respaldar su afirmación, el presidente también resaltó el cambio en el patrón de consumo de los mexicanos que, aseveró, representaba una mejora en su calidad de vida. Después, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2013) publicó un estudio en el que, con base en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) y el uso de técnicas estadísticas de análisis multivariado, construyó tres estratos económicos correspondientes a las clases baja, media y alta. De acuerdo con sus resultados, el 39 por ciento de los mexicanos (42 por ciento de los hogares) pertenecían a la clase media.

De manera paralela, en el ámbito “técnico” y académico, se publicaron estudios que también discutían el tamaño y la expansión de la clase media. Entre los más visibles (por la relación de los autores con instancias multilaterales internacionales), pueden mencionarse los de Cruces, López Calva y Battistón (2011) y Ferreria, Messina, Rigolini, López Calva, Lugo y Vakis (2013). En estos textos los autores analizaron datos de 1992 a 2006 y postularon tesis en el mismo sentido: con base en el punto de vista económico, utilizaron técnicas estadísticas para sostener que, de acuerdo con la estructura de gasto, la clase media creció en México (si bien, con diferencias en la magnitud).

Desde otro punto de vista, Escobar y Pedraza (2010) describieron características de la clase media en México en el contexto de una reflexión que incluía a otros países iberoamericanos (Franco, Hopenhayn y León, 2010); mientras que Banegas, Cortés, Vargas, Yaschine y Yocelevzki (2013) escribieron breves artículos críticos sobre el punto de vista de los economistas mencionados y el INEGI sobre la clase media en México.

Esto es, el tema de la existencia y ampliación de la clase media en México tiene una notoria visibilidad pública (un presidente de la república y un organismo autónomo especializado –el INEGI- se han manifestado al respecto) y una modesta, pero creciente, presencia en la discusión académica. La idea predominante en estos ámbitos es que la clase media aumentó en México.

Rasgos comunes en dichos análisis son los siguientes:

  1. El predominio del punto de vista económico: los análisis enfatizan la estructura de gasto los hogares e individuos.
  2. La ausencia de un enfoque analítico sólido: la falta de una perspectiva teórica se refleja en la falta de acuerdo en el contenido de qué es la clase media y –en consecuencia- en la forma de medirla, su tamaño y cambio en el tiempo.
  3. El abuso de los datos: se privilegia la construcción de clases estadísticas para la definición de clases sociales sin precisar conceptos ni la forma de hacer operativa su medición.


La ausencia de un punto de vista sociológico (énfasis en la posición ocupacional o la situación de mercado[1] para definir las clases sociales) es notoria.[2]

Discutir la tesis del crecimiento de la clase media y analizar el tema desde la sociología es relevante por varias razones. Desde el punto de vista del diseño de política pública, la importancia de asumir como cierta la tesis de que México pasó de ser un país de “clase baja” a uno de “clase media” radica en el énfasis que podría sustraerse a las políticas y programas sociales dirigidos a la superación de la pobreza y la disminución de la desigualdad social. La política social no necesariamente debe circunscribirse a estos últimos rubros, pero sí debería contener una suerte de “núcleo duro” dirigido a éstas en un país como el nuestro en el que 45.5 por ciento de la población se encuentra en situación de pobreza y 19.8 por ciento no es pobre ni vulnerable en 2012, de acuerdo con la medición oficial (CONEVAL, 2013). Por otra parte, uno de los corolarios que se desprenden de la tesis en cuestión es que los rendimientos del modelo de política económica vigente son favorables: si la clase media creció, esto podría deberse en buena medida a la creación de más empleos con mejores prestaciones y remuneraciones.

Es decir, discutir el tema del tamaño y rasgos de la clase media en México es de relevancia pública, pues de la conclusión a la que se llegue (ampliación o no) y del contenido que se le dé a ésta (énfasis circunscrito sólo a la estructura de gasto, por ejemplo) pueden desprenderse decisiones sobre el uso de recursos públicos y el diseño de intervenciones de política pública. Incluir el análisis de clases desde el enfoque y metodologías de la sociología enriquecería las conclusiones, pues podría precisarse el contenido del concepto de clase social al incluir elementos relevantes teóricamente y articulados analíticamente –tales como la posición ocupacional, la situación de mercado y el origen social. Esto posibilitaría disponer de un mejor sustento empírico que hiciera un uso más rico y riguroso de la información proveniente de diferentes fuentes de datos (ENIGH, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo –ENOE-, o las encuestas de movilidad social, entre otras). Lo anterior ayudaría a tomar decisiones de política pública con base en elementos teóricos más amplios y sólidos en términos metodológicos.

Desde el punto de vista académico, el análisis de estratificación y movilidad social que se propone realizar, contribuye a llenar un notorio hueco en el análisis sociológico: el del examen empírico de clases sociales de la sociedad mexicana contemporánea, estructurado con base en las características de la clase media y formulado con base en criterios teóricos y metodológicos propios de la sociología. Por una parte, la tesis contribuiría a sistematizar la discusión existente sobre la noción de clase social desde el punto de vista de la sociología y de la economía, a fin de precisar el contenido del concepto. Esto permitiría, realizar una investigación empírica articulada teórica y metodológicamente, cuyos resultados puedan aportar claridad a la discusión mencionada al inicio de la sección, así como establecer un punto de referencia o “arranque” a la discusión sobre el tema en el país. Pero, por otro lado, también se aportarán elementos para la discusión entre disciplinas (economía y sociología) con referentes analíticos e hipótesis contrastantes entre sí.

En síntesis, la tesis que se propone realizar es relevante tanto en términos públicos como académicos porque, hoy en día, no se ha realizado un análisis comprehensivo de clases sociales para el México contemporáneo que sea riguroso teórica y metodológicamente. Por ello, es pertinente la elaboración de un esquema conceptual sociológico que posibilite llevar a cabo una investigación empírica, sustentado en conceptos relevantes tanto en términos teóricos como empíricos.



[1] La situación de clase  –de acuerdo con Weber- alude a estados específicos de provisión e bienes, condiciones de vida y satisfacción subjetiva por parte de individuos. La situación de mercado, por su parte, es un concepto que permite vincular a los individuos con las instituciones que regulan la estratificación social; elementos para definir la situación de mercado son el acceso a la propiedad, el tamaño de la empresa en la que se labora o el tipo de empleador (público o privado). Véase Solís, 2010 y Weber, 1994.

[2] Podría decirse que la excepción la constituye Solís (2010), pues en un texto no centrado en el análisis de la clase media discute un esquema de clases sociales con perspectiva sociológica a partir de la Encuesta de Movilidad Social (EMOVI) 2006 del Centro Espinosa Yglesias. No obstante, es preciso resaltar, el tratamiento del texto no está centrado en el tema de la clase media.

sábado, mayo 28, 2011

Mesita de noche: W. G. Sebald \ Los anillos de Saturno


Si Walser escribió elegantes fantasías poéticas y conocía a fondo el arte de desvanecerse, la literatura de W. G. Sebald remite a veces a una especie de poética de la extinción, de la consternación del escritor al ver que todo alrededor se deshumaniza o desaparece y que incluso la historia misma se desvanece.


Doctor Pasavento
Enrique Vila-Matas

miércoles, abril 27, 2011

Rasgos


  1. Vigor del gusto.
  2. Amplitud de cultura.
  3. Inteligencia.
  4. Don de estilo.

martes, marzo 29, 2011

Hit the road, Jack \ 1


Menudo 2013 el que está teniendo Jack. De un día para otro, dejó de vivir con la familia con la que pasó sus primeros cinco años de vida. Quién sabe si esto representó algo bueno para él. El relato de Lulú, quien fungió como enlace entre sus anteriores y nuevos dueños, enfatizaba que desde hace tiempo estaba descuidado: encerrado en una zotehuela, paseaba poco y no lo cepillaban con frecuencia. Aquí, ahora, sale a pasear dos veces al día durante al menos 30 minutos (y en este paseo tiene oportunidad de olisquearse con otros perros, orinar incontables veces y cagar hasta tres ocasiones en un mismo recorrido, corretear ardillas y gatos, intentar comer restos de basura o alimento que deja aquí y allá lo loca de los gatos, andar sobre cemento, loseta, empedrado, tierra y pasto, así como ensuciarse entre ramas, lodo, agua y tierra a placer), se apropió del sillón más cómodo (o algo) de la sala, duerme (de forma placida, digo yo) patas arriba al lado de la cama y tiene la deferencia permanente de personas que lo acariciamos, le hablamos y atendemos casi como si fuera un niño.

Tal vez mi asociación sea desproporcionada, pero la noción de cambiar de manera tajante de sábado a domingo todo el espacio socioafectivo que conoces y que representa la “normalidad” constituye un fuerte incentivo para la desestructuración de la personalidad. Miedo, inseguridad y desconfianza. Dormir plácidamente el sábado en el mismo lugar en el que lo has hecho “siempre”, luego de cenar a la misma hora lo mismo de siempre con las mismas personas, esperando de manera confiada hacer lo mismo el siguiente día de la misma manera y en el mismo orden, para –por el contrario- despertar en un espacio diferente, con personas distintas, con hábitos que pueden ser contrastantes, sin tener certeza de qué sucede; esto, para mí, implica poner en duda la continuidad de lo cotidiano: connota un esfuerzo psicológico para interactuar con desconocidos y enfrentarte de manera permanente a situaciones novedosas en las que no sabes cómo reaccionar ni qué esperar. Dolorosa ingeniería socioafectiva.

Por si esto no fuera suficiente, a los pocos meses del cambio de hogar, fue necesario hacerle una intervención que requirió de anestesia general. Como parte del descuido en el que estaba (más la inexperiencia de quien esto escribe), la higiene bucal de Jack era mala: sus dientes y colmillos estaban repletos de sarro. Esto le provocó una infección bucal y estomacal fuerte. Durante varios días estuvo decaído, salivando en exceso (primero de color muy transparente, después amarillento y finalmente de un verde viscoso mezclado con sangre), comiendo poco, excretando sin consistencia, con una cubierta pastosa y fétida. Para curarlo fue necesario anestesiarlo, realizarle una limpieza profunda, extraerle un diente podrido (afuera, medía un par de centímetros, ¡pero su raíz era de al menos cinco!) y, en el camino, encontrar que tenía una suerte de absceso en una glándula gustativa que también fue necesario extraer. Ahora, Jack es un carismático basset chimuelo.

Más aún: el 16 de septiembre alrededor de las ocho de la mañana fue atacado por un perro más grande, fuerte y violento: un puto golden retriever. Que lo sepan: la noción de razas nobles o agresivas es una construcción social. El muyhijodelagranputahocicoconstipado del sedoso y lindo golden le atestó dos fuertes mordidas en el cuello: una por arriba (en el primer ataque) y otra por la parte de abajo (cuando Jack reaccionó girando el cuello).

Para mí, la curación de sus heridas fue casi tan dolorosa como el ataque: durante unos diez días fue necesario abrir cada una de ellas para impedir su cicatrización de “arriba para abajo” y, una vez abiertas, inyectar un astringente líquido con el que Jack emitía chillidos desconsoladores. La intención de este procedimiento fue, por una parte, matar las bacterias que pudieron injertar los colmillos del muyhijodelagranputahocicoconstipado golden, pero también impedir que se encapsulara líquido, por la supuración normal del tejido expuesto, forzando la cicatrización de “abajo para arriba”. Cada visita al veterinario implicó, además, la inyección de espeso antibiótico y potente analgésico. Quién sabe cómo habría sobrellevado mi ansiedad y aprehensión pueril sin el acompañamiento de M.

Uno de los efectos del analgésico en Jack fue tierno. Al salir de la veterinaria, Jack caminaba nervioso y veloz, ansioso; al tiempo, moderaba el paso y comenzaba a detenerse, a olisquear piso, plantas, postes, pies, basura, aire; volteaba a verme y olisqueaba más; luego, hacía pausas intermitentes, que diera un paso requería jalarlo con la correa, darle cariñosos empujoncitos en el torax, hablarle dulce; después, se detenía: se echaba a medio camino. En adelante, la única manera de moverlo era cargándolo. Hacerlo no fue fácil (pesa más de 25 kilos y estaba ansioso porque tenía que regresar pronto a la oficina), pero es la cosa más optimista, esperanzadora y amorosa que he hecho en muchos meses. Lo disfruto: las dificultades gozosas.

El ataque a Jack me dejó desconcertado: descolocado: enojado: frustrado: temeroso: con sensación de impotencia y confusión. Aunque él sigue paseando con el desparpajo de siempre, es a mí a quien ahora le da miedo encontrarnos con un perro más grande. Me siento como un maricón: si esto me sucede con un perro, cómo voy a reaccionar cuando ocurra algo “serio”, cuando a quien le suceda una desventura sea a una persona que quiero.

En fin. Menudo 2013 el que está teniendo Jack, pues. En unos meses cambió de hogar, tuvo una intervención que requirió anestesia general y fue atacado por un muyhijodelagranputahocicoconstipado golden… y apenas estamos en septiembre.

martes, febrero 01, 2011

Libros usados, libros de ocasión


Me gusta comprar libros usados. No sólo porque algunas ocasiones son más baratos que los nuevos, sino porque me ofrecen la posibilidad de agregarle un poquito más de personalidad, especificidad, distinción y densidad cultural a mi librero.

Prefiero comprar libros usados en tres situaciones. La primera es la más obvia: cuando la edición del libro que quiero está agotada y no tengo más remedio –si quiero leerlo- que adquirir una vieja versión, fuera de circulación.

La segunda situación es cuando sí tengo la oportunidad de comprar una edición nueva, pero la versión usada me parece más elegante: sea porque es una primera impresión o porque está hecha por una editorial que ya no existe (Novaro o Grolier), o porque la editorial cambió mucho (Plaza & Janes o Joaquín Mortiz) o porque quien ahora los edita me parece vulgar (Diana, Océano o Edhesa) y la editorial original es más sobria o con carácter (la vieja colección de Joaquín Mortiz de libros de autores mexicanos tamaño media carta que eran bicolores o la serie de lecturas mexicanas de la SEP) o porque es una vieja edición de otro país bien hecha y me resulta agradable (la colombiana Munchik o la argentina Losada).

La tercera situación es la más prosaica: cuando el libro es más barato. Es decir, la edición es comercial o vulgar o mal traducida o mal editada, pero el precio es menos de la mitad del de un ejemplar nuevo. Esto no sucede con frecuencia, pues muchos libreros cotizan sus ejemplares casi como recién salidos de la imprenta.

Algo que me gusta por sí mismo, es pasear entre los estantes. Me provoca cierto entusiasmo frívolo dar con ejemplares inesperados. Además, divagar en libreros en los que predominan textos menos vinculados con las modas de centro comercial y que contienen ejemplares del tipo de literatura que más me agrada, me invita a hacer asociaciones inesperadas: logra que recuerde menciones hechas por autores-lectores como Borges, Bloom o Vila-Matas, por ejemplo, que termino comprando sin haberlo planedo. 

También disfruto mucho los indicios de otros tiempos y las huellas dejadas por otros propietarios o, en algunos casos, lectores. Por ejemplo, para no hablar de separadores u otros papelitos olvidados, me gustan los que tienen esforzadas dedicatorias de sus autores dirigidas a quienes parecen ser sus amigos, pero que éstos, displicentes, prefieren vender al librero de usado. Un ejemplar en esta situación es Diatriba de la vida cotidiana y otras derrotas civiles (Cal y Arena, 2001) de Rafael Pérez Gay quien se lo dedicó a una pareja con estas palabras: “Para Anamari y Salvador, estas instrucciones preliminares para volar en pedazos a la vida cotidiana. Las acompaña el cariño y la amistad de Rafael Pérez Gay, febrero, 2002” y que ella consideró prescindible, por lo que mejor transó con un comerciante. Este ejemplar lo adquirí por ochenta pesos en el “Pasillo cultural La Bombilla” que solía instalarse en el parque con dicho nombre en la Delegación Álvaro Obregón. Otro libro así es La repugnante historia de Clotario Demonax (Tusquets, 2005) de Hugo Hiriart. En este caso, se lo dedicó a una mujer con estas palabras: “A Ana María con reverencia, agradecimiento y amistad que viene de muy lejos y cala muy hondo. Hugo Hiriart, 28 de agosto de 2006” y su típica arañita incluida. Por cincuenta pesos lo adquirí en el tianguis de libros ubicado a un costado del Palacio de Minería en el centro histórico de la ciudad de México. 

De la misma manera, atesoro con algún fetichismo ejemplares de textos valiosos que, de creer que la firma, nombre y fecha son verdaderos, pertenecieron a otros lectores que me caen bien. En esta situación tengo un ejemplar de Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante (Joaquín Mortiz, 1975) que perteneció a Ricardo Yañez. En él, el poeta jalisciense escribió su nombre y una fecha de 1976. Este libro lo compré por ciento cincuenta pesos en la librería La Torre de Lulio de la Condesa cuando aún estaba sobre la calle Nuevo León.

Hay varias librerías y tianguis de libros de usado que visito de tanto en tanto. En Coyoacán, por ejemplo, están tres que me quedan de paso casi todos los días y en las que he encontrado ejemplares que me resultan valiosos. En la Salvador Novo (Universidad, entre Miguel Ángel de Quevedo y Eje 10), compré, en visitas distintas, los tres tomos de las memorias de Elías Canetti editados por Muchnik. También están La Torre de Viejo y Ahuizotl -ambas sobre Quevedo, a un costado de la librería Octavio Paz del Fondo de Cultura Económica-, en las que adquirí a buen precio varios tomos de la Biblioteca Borges.

En el centro de Coyoacán están El Tomo Suelto –Quevedo casi en su cruce con Felipe Carrillo Puerto-, que es cara y con dependientes mal informados, pero con buena oferta. La Tres Cruces –en la calle con el mismo nombre-, que es enorme, pero que tiene los ejemplares menos interesantes, Malintzin (también sobre Quevedo, pero más hacia Cerro del Agua, en la que hay buenos libros fuera de circulación) y Antigua Librería (Centenario entre Viena y Berlín, cerca de Churubusco).

Una librería imprescindible y bien conocida es La Torre de Lulio (en la calle Ozuluama de la Condesa, donde compré el ejemplar de Tres Tristes Tigres que mencioné antes y en la que hace años uno podía encontrar a Juan Gelman fumando) y otra curiosa está en San Jacinto, en el “centro” de San Ángel (local pequeño en la calle Frontera, sin ningún letrero; ahí encontré primeras ediciones de libros de Salvador Elizondo y Jorge Ibargüengoitia a precios no prohibitivos).

En el centro de la ciudad están las muy populares de la calle Donceles (de las que Fernando Fernández escribió tres entradas sabrosísimas en su blog Siglo en la Brisa), la Librería Madero (que en 2012 se mudó de Donceles a un local cerca del Claustro de Sor Juana y del metro Isabel la Católica) y un par de pequeñas, pero muy bien surtidas en el paseo comercial ubicado entre Bolívar y Gante, casi frente al Salón Corona. No obstante, uno de mis lugares preferidos en el centro es el tianguis de libros que se instala a un costado del Palacio de Minería.

En fin, que si a uno le anda por leer algo sancionado por el tiempo o conseguir un libro ejemplar, debe saber que hay más opciones que esas librerías que se convirtieron en algo que quiere parecerse a un supermercado o a una tienda de ropa pretenciosa.  

lunes, enero 03, 2011

Cosas que me hacen moquear


El polvo.
Los fluidos vaginales.
La comida mal condimentada.