
La vida de un hombre organizada hacia la comodidad de una extinción lenta, ordenada y consentida.
miércoles, febrero 20, 2008
miércoles, enero 23, 2008
Tiempo libre
Entre las películas, las que prefiero ver son las denominadas de autor; ésas donde hay un estilo particular, más o menos visible y poco convencional. Algunos de los directores que frecuento son Bergman, los hermanos Coen y Werner Herzog; entre los guionistas que ubico, me gusta Kaufman (el autor de la casi popular Eternal sunshine of a spotless mind); algunos de los actores que me caen bien son Edward Norton, Klaus Kinski, John Turturro, Steve Buscemi y Vicent Cassel. De los mexicanos prefiero a del Toro, Ripstein, Giménez, Zayas, Vitola, Marcelo y Tin-Tan.
Revistas que leo con fruición son, en riguroso desorden de preferencia, La Tempestad, Cuaderno Salmón, Letras Libres, Picnic, El País Semanal y The Economist, entre otros. De vez en vez compro otras cosas como la Revista del Consumidor y Speak Up. No, no leo Replicante ni Proceso.
De libros lo que más leo es literatura. Menudo problema pues debería dedicar más tiempo a la lectura de cuestiones vinculadas con mi profesión. Autores que reviso con algún fervor son Jorgé Luis Borges, Salvador Elizondo, Alejandro Rossi, Enrique Vila-Matas, Harold Bloom, Juan José Arreola, Antonio Alatorre, Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Thomas Mann y G. K. Chesterton. Me provocan desconfianza quienes tiene por autores preferidos a gente como Monsivais, Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II, García Márquez, Julito Cortázar, Galeano, Sabines, Benedetti, Vázquez Montealbán y Sabato, pues los considero escritores efecticistas y facilones.
Ibargüengoitia - Chesterton
domingo, diciembre 23, 2007
Rossi: Manual del distraído
Si tuviera que escoger sólo un libro por el cual reconocer a Rossi, elegiría el Manual del distraído: una extraordinaria recopilación de ensayos literarios publicados originalmente en Vuelta.
El Manual me gusta mucho por su tono y ritmo, con los que Rossi hace una ostentosa demostración de su solvencia con el manejo de “el estilo”. La mayor parte de los textos tienen como pretexto un evento de la vida cotidiana; minucias en las que cualquiera de ustedes difícilmente se detendría a reflexionar, pero que bajo la mirada de Rossi se vuelven materia de atento taxonomista.
La lectura bárbara es uno de los ensayos que me entusiasman y deslumbran. El sonido agradable de las palabras bien acomodadas, la critica cáustica y las imágenes que hablan e invitan a la sonrisa -características todas del Manual- se conjugan gratamente aquí. El primer párrafo es una síntesis de cómo la forma no sólo sirve para decir “fondo”, sino que canta y encanta:
“Leer mal un texto es la cosa más fácil del mundo; la condición indispensable es
no ser analfabeto. Una vez superada esta etapa, más cívica que intelectual, las
posibilidades que se ofrecen para desmantelar, tergiversar e interpretar
erróneamente una frase, una página, un ensayo o un libro son, no diré infinitas,
pero sí numerosísimas. No pretendo ni agotarlas ni clasificarlas, tareas
destinadas a eruditos pacíficos o a hombres seguramente geniales. Me conformo
con enumerar algunas variedades exponiéndolas no por su rareza sino por su
recurrencia. Nada de cisnes negros o tréboles extraños; más bien perros
callejeros que trotan en grupo”.
En fin, si hoy tuviera que sugerirle la lectura de un libro a alguien que no me lo preguntara, le propondría el Manual del distraído.
sábado, diciembre 22, 2007
Stevenson: una especie de amistad reconocida por la policía

Nací 84 años después de la muerte de Stevenson; sin embargo, lo que escribe en sus ensayos y cuentos se refiere con frecuencia a asuntos que me ocupan con alguna cotidianeidad. La manera de plantear sus temas e intentar solucionarlos, o bien, la de presentar escenarios con arreglos diversos no sólo es amena, sino ingeniosa. Entretenida y curiosa por decir lo menos.
En esta ocasión comparto algunas proferencias sobre el matrimonio tomadas de “Virginibus puerisque”. Tal como lo exige el canon del buen ensayo literario, tienen la cualidad del aforismo per se. Juzguen ustedes.
“El matrimonio es aterrador, pero tan aterradora es una vejez fría y solitaria. Las amistades con otros hombres son agradables en alto grado, pero muy inseguras.
“El matrimonio es, ciertamente, un peligroso remedio; nuestra felicidad se basa ya, no en dos o en tres, sino en una sola vida.
“Pero el matrimonio, si bien es verdad que es bastante cómodo, no es, en modo alguno, heroico. Pues en verdad merma y apaga el espíritu de los hombres generosos. En el matrimonio, el hombre se hace flojo y egoísta, y sufre una adiposa degeneración de su ser moral.
“Veinte años atrás este hombre habría sido igualmente capaz de crimen que de heroísmo; hoy es incapaz de lo uno y de lo otro. Su alma está dormida, y podéis hablar sin bajar la voz: no hay miedo de que despierte.
“Algunas de las mujeres más femeninas y de mejor humor son viejas solteronas.
“Un marido oye, después de casado, que un pobre diablo se muere de amor por su mujer. ‘Qué lástima –exclama-; a mí me hubiera sido tan fácil encontrar otra’.
“Sospecho que el amor es una pasión demasiado violenta para poder ser, en la mayoría de los casos, un buen sentimiento doméstico.
“Casi está uno tentado a insinuar que, después de todo, no importa mucho con quien nos casemos; que, realmente, el matrimonio es una afección subjetiva y que, si ya lo hemos discutido suficientemente con nosotros mismos y nos hemos hecho el ánimo a él, podemos 'apechugar' con cualquiera.
“...el matrimonio en su nivel más bajo, aún cuando le consideremos no más de una especie de amistad reconocida por la policía...
“El matrimonio se parece a la vida en esto: es un campo de batalla y no un lecho de rosas.”
domingo, noviembre 25, 2007
Manderlay

En el caso de Manderlay, la narración parece más sencilla. Es una historia lineal que, hasta cierto punto y sólo desde cierta perspectiva, puede entenderse como una alegoría de la situación política internacional reciente. En ella, Grace (el mismo personaje de Dogville, aunque ahora interpretado por otra actriz) pasa por una suerte de hacienda norteamericana en la que, más de setenta años después de abolido, persiste el esclavismo. Su buena fe y gran disposición la impelen a detener su viaje para hacer algo por abolirla y, de esta manera, ayudar a los “pobres negros”. Error. Su intervención modifica el equilibrio preexistente y ella no es capaz de propiciar uno nuevo. A los implicados los tiene sin cuidado la posible buena fe de Grace y las virtudes del nuevo sistema democrático que les propone. No les interesa. Los actores (en el sentido de sujetos, no en el cinematográfico) están insatisfechos con el cambio y sufren los avatares de la situación desequilibrada. Perciben que su circunstancia actual es peor y hacen lo necesario para regresar al equilibrio previo.
Tal vez la alegoría internacionalista puede aplicarse literalmente a la situación de los negros en Estados Unidos en el último siglo, pero es seguro que después aplicará perfectamente a lo que ocurra entre este país y varias naciones asiáticas.
Tanto en términos narrativos como de contenido, lo que más me gustó fue el pequeño giro de tuerca que ocurre cuando Grace desea huir de la hacienda. No lo logra por un minúsculo error cometido de manera casi imperceptible. Un error ideológico, cabe resaltar. Planea dejar el lugar cuando su padre pase a visitarla, él –meticulosamente- le informa cuándo y a qué hora estará ahí y cuántos minutos la esperará. Grace no llega a la cita por haber acordado previa y democráticamente el horario. De esta forma se condena a desempeñar un papel diametralmente opuesto al que pensaba representar y consolida una situación diametralmente opuesta a la que decía buscar.

Me agrada la idea de resaltar que la democracia es un procedimiento formal que aplica para ciertos procesos, sobre todo políticos “duros”, y que permitir que contamine otros ámbitos es un error. O un abuso, un mecanismo para imponerse sobre otros. Establecer por votación que un instrumento de investigación para recolectar datos es mejor que otro es un error, por ejemplo, pues no se trata de encontrar al más popular sino al más propicio para el fin que se persigue. Aunque este mismo sea una convención, determinar el horario por popularidad también es un error. Ambas decisiones tienen consecuencias y es seguro que no logren el objetivo buscado debido al procedimiento incorrecto.
Como en otras de sus películas, el énfasis narrativo de von Trier está puesto en los diálogos y situaciones dramáticas; no hay escenarios espectaculares ni intento de recrearlos. En su lugar, apenas encontramos rayas en el piso, unos pocos elementos que con la actuación de los personajes dan pie a saber que estamos frente a un campo de algodón o ante unas preciosas magnolias. Aunque tal vez, también podría decir lo contrario: como en otras de sus películas, el énfasis de von Trier está puesto en el estilo, no en el discurso narrativo. Un estilo por momentos abigarrado, pero siempre engañoso, que puede seducir y que contiene un discurso no convencional que es, no obstante, fácilmente estereotipable. Como sea, desde cualquier punto de vista, von Trier pues ser caracterizado empáticamente como un provocador.
Un último detalle: Willem Dafoe es uno de los actores que mejor me caen, su cara me gusta muchísimo.
viernes, noviembre 23, 2007
Somos el recuerdo de alguien que está olvidando
El lugar con el que asocio este recuerdo es el derruido camarote superior de un vagón de tren, en algún punto del trayecto Guadalajara-Irapuato, del viaje hasta la Ciudad de México. Para pasar bien las horas de traslado, lo recuerdo perfectamente, me equipé con un lonche de pierna de la Lonchería Chulavista, una Tropicana de uva al tiempo y un par de “Karmatrones”.
sábado, noviembre 10, 2007
sábado, octubre 20, 2007
martes, septiembre 25, 2007
Crónica Neurótica
jueves, agosto 09, 2007
domingo, julio 29, 2007
Pitazo
Por cierto, Krauze Jr y Krauze Jr-Jr se leen felices con el blog que les puso su papá, ¿ya le echaron un lente a los refinados comentarios de Leoncito y Danielito en el "blog de la redacción"? No lo hagan.
sábado, junio 16, 2007
sábado, mayo 05, 2007
El Violín: "no señor, se acabó la música"
Para decidirme a ver El Violín precisé obviar algunas referencias que la hacían poco apetecible. Entre las más desagradables estaban ser apadrinada por la dupla de niños bien Diego-Gael y por la muy venida a menos revista Proceso, la publicidad que resalta que El Violín estuvo ya en cartelera comercial en Francia y Polonia, pero no en México (lo que insinúa cierta censura y es bien sabido que "denunciar" censura es una excelente estrategia de ventas); la fotografía en blanco y negro, así como el tema de tinte político que propicia planteamientos maniqueos y resoluciones facilonas.Sin embargo, encontré en El Violín una película interesante y, sobre todo, bien narrada. Una historia –ehem- que podría estar sucediendo ahora en Soledad Atzompa o que pudo haber ocurrido lo mismo hace quince años en las cañadas de Chiapas o hace treinta en la sierra de Guerrero, una historia que logra momentos de tensión basados en la ambigüedad de lo narrado y que concluye con un giro parcialmente inesperado.
Hay escenas que definitivamente no me gustaron. Por ejemplo, cuando don Plutarco –el personaje principal- adoctrina a su nieto sobre los “hombres verdaderos” (un abaratamiento de las historias tojolobales, de la reelaboración neozapatista y una injusta alusión –para ambos- del viejo Antonio) y cuando alecciona a su hijo sobre la importancia de su guitarra. También me pareció innecesario que el hijo se llame Genaro y el nieto Lucio, ambas alusiones salen sobrando a la luz de la historia; “Plutarco” a secas me gusta, pero con el apellido Hidalgo ya no tanto.
En cambio --y contra con lo que esperaba-, me gustó la fotografía en blanco y negro en combinación con el paisaje, las caras y expresiones (en particular las de don Plutarco y Genaro resultan buenísimas, son la antípoda de la buena onda tipo sexopudorylágrimas); la relación de seducción, confianza contenida e interés entre don Plutarco y el capitán; la ambigua secuencia en la que dos soldados de rango menor detienen a don Plutarco para entregarle “un taco” (¿lo hacen porque, finalmente, son gente como don Plutarco y apoyan su causa o bien por instrucciones del capitán que busca tenderle una trampa?); y el juego de doble narración e intenciones ocultas con el que termina la película.
La narración de los protocolos también me gustó mucho y creo que, visto en abstracto, podría tener que ver con cierta posible moraleja de la película. Primero, las secuencia
s en las que Genaro compra queso y viaja en un camión de redilas y aprovecha para intercambiar información con mujeres me parecieron sumamente disfrutables, lo mismo cuando en la cantina Genaro verifica el estado del armamento que trafican. Después, me parece que la película termina siendo la historia de un personaje que puede ser visto como un “pendejo con iniciativa”: Don Plutarco es un tipo que se siente más listo que viejo y por lo tanto rompe todos los protocolos, al hacerlo se evidencia ante el capitan, introduce “ruido” en la organización subversiva y provoca el desenlace de la historia.domingo, abril 15, 2007
Sunshine
Además de las referencias obvias, como Solaris de Tarkovski; 2001: A space odyssey de Kubrick, y Alien de Scott, encontré en Sunshine de Danny Boyle una pequeña alusión a otra buena película: Apocalypse Now, ¿no es Pinbacker una suerte de Coronel Kurtz cien años después... o doscientos si –mejor- evocamos a Conrad?Además, aunque creo que aquí no hay relación, Pinbacker me suena a Pickwick... ¿qué no?.
jueves, marzo 15, 2007
martes, febrero 06, 2007
Idiomática: Que se te vaya el santo al cielo.
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Entre que ya no querían gastar más, que socios como Cisneros y algunos otros no querían seguir pujando, y que algunos directivos estaban concentrados en el Mundial de futbol, pues simplemente se les fue el santo al cielo.
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miércoles, enero 10, 2007
sábado, diciembre 30, 2006
(Highlighting) Bartleby y compañía

miércoles, noviembre 22, 2006
Sontag: ensayo y ficción
El ensayo y la ficción son modos diferentes de pensar y de escribir. Al menos una de las diferencias es que en el ensayo se escribe con una voz única. Ni siquera es necesario que sea la voz propia, es una construcción, la voz de un alter ego en primera persona, aún cuando esa primera persona no aparezca nunca. En la ficción, en cambio, el escritor imposta la voz. Incluso en una novela escrita en primera persona aparece otra voz, aparecen muchas voces. La ficción es un horizonte mucho más amplio, donde también puedo incluir elementos del ensayo.viernes, octubre 06, 2006
Salud (dinero y amor)
Salud (dinero y amor)
Brindo por las mujeres que derrochan simpatía
Brindo por los que vuelven con las luces de otro día
Brindo porque recuerdo tu cuerpo y olvidé tu cara
Brindo por lo que tuve porque ya no tengo nada
Brindo por lo que tuve porque ya no tengo nada
Brindo por el momento en que tú y yo nos conocimos
Y por los corazones que se han roto en el camino
Brindo por el recuerdo y también por el olvido
Brindo porque está noche un amigo paga el vino
Brindo porque está noche un amigo paga el vino
Porque la vida es dura por el fin de la amargura
Brindo porque me olvido los motivos porque brindo
Brindo con lo que sea que caiga hoy en el vaso
Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso
Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso
Brindo por seguir queriéndote toda la vida
Casi está lleno el vaso con la sangre de otra herida
Brindo con emoción, pero también brindo con frialdad
Que la salud no falte a toda la humanidad
Que la salud no falte a toda la humanidad
Desde un rincón del mundo brindo contigo
Caiga quien caiga brindo sobre la luz de una vela
Toda la noche brindo y que la mañana venga
No es un momento triste ya que vengo con amigos
Brindo con el futuro con la noche de testigo
Brindo con el futuro con la noche de testigo
Si alguna vez no brindo siquiera por tonterías
Brindaré con silencio por la fortuna perdida
Brindaré muy en serio por una vez en la vida
Brindo hasta la cirrosis por la vacuna del sida
Brindo hasta la cirrosis por la vacuna del sida
Desde un rincón del mundo brindo contigo
Salud!
lunes, septiembre 18, 2006
Después de todo ¿quién puede culparla? ¿A quién le gusta estar con un tipo pusilánime, como yo?
viernes, septiembre 15, 2006
(Desde la primera noche duermo con dos almohadas, una de ellas es la que ella utilizaba en nuestra cama, la otra es con la que yo dividía nuestros espacios. La primera conserva la misma funda que acogió su cabeza durante las últimas semanas, el contacto y el olor son indisociables; no quiero lavarla aunque está sucia).
No debería, pero me sorprendo ansioso revisando compulsivamente mis cuentas de correo electrónico y su blog para ver si escribió algo. Me da pena que compañeros de trabajo se dan cuenta la frecuencia con la que abro mis cuentas personales. Es desagradable darme cuenta que no puedo evitar cada 30-20-15 minutos entrar a internet sólo para verificar que no le interesa saber más de mí, que prefiere no escribir(me) nada. Nada.
La palabra que describe mi situación es apego a una fantasía, a una situación y sensación que realmente apenas existió. ¿Dónde están todos esos momentos desagradables e incómodos?
miércoles, septiembre 13, 2006
Deliberada, pero sobre todo involuntariamente, hay canciones o grupos que relaciono con alguien; las asociaciones más significativas son con ex parejas, pero también ocurren con lugares y trayectos.
Digo que suceden sin que yo lo decida porque en más de una ocasión el tipo de música no es el que más me agrada y en otras es incluso de un tipo que definitivamente me irrita.
I don’t believe that anybody feels the way I do about you now… I say, maybe, you’re gonna be the one that size me and after all you’re my wonderwall.
A r., por ejemplo, la asocio con Jarabe de Palo y con La Flaca (o algo así), y no precisamente por la referencia obvia a su peso; a c. con los Cadillacs y en específico con Ríos de Lágrimas; a P. con Radiohead y en especial con No Surprises, pero también con otras rolas de Ok Computer como Paranoid Android, Exit Music (For a Film) y Karma Police. Estas últimas canciones, curiosamente, las escuché por primera ocasión con atención en el cassette “surtido rico” que le regaló un pretendiente, quien luego fue noviecito de una ex pareja mía. También Oasis la evoca. Las canciones de un disco de ellos, en particular, me hacen asociarla a su vez con las tardes de Cosoleacaque, algunas calles de la "manuchaoesca" Minatitlán y un café tan olvidable como caluroso de ese lugar. A Zurdok lo escucho ineludiblemente viendo sus movimientos de manos y cara, los melosos sonidos vocales de Chetes (juro que él mismo dice que algo así se llama) evocan sus gestos alternativamente agradables-desagradables. A Eres de Café Tacvba la asocio con los días que pasamos en Yurécuaro mientras yo hacía trabajo de campo para mi tesis en La Ribera; en particular me acuerdo de las comidas en un pequeño café-restaurante y breves paseos nocturnos por la plaza del lugar. Algo similar debería pasar con los White Stripes y PJ Harvey, pero sorprendentemente no es así.
¡Ah!, también hay grupos que ineludiblemente asocio con ella y con situaciones muy desagradables; son grupos que aunque me gustan, prefiero no escuchar: es el caso de los Rolling Stones y en particular Black Horses (¿así se llama o es Wild Horses?). Discos, como otros pequeños gustos que me echó a perder.
Siempre me encuentro dando vueltas tan rápido, cuando en realidad permanezco estático. Nunca en mi vida pensé encontrar un momento de serenidad, tú me diste algo más. Con este ruido no puedo hablar, se confunde con la realidad, si es que existe de verdad. Pero si acaba pronto, todo volverá a empezar... porque al final: volver a empezar-volver a empezar.
Por todo esto es curioso haber encontrado en la computadora del trabajo algunas de las canciones que más me la recuerdan. Justo cuando me ha pedido no saber más de ella, cuando estamos más lejos y sin embargo tal vez somos –geográficamente- lo más cercano que tenemos.
Sí, en esa computadora inOportuna están Wonderwall de Oasis, Eres de Café Tacuva y Estático de Zurdok.
Vuelvo al sur como se vuelve siempre al amor / vuelvo a vos con mi deseo, con mi temor / llevo al sur como un destino del corazón / soy del sur como los aires del bandoneón. / Sueño el sur: inmensa luna, cielo al revés. / Busco el sur, el cielo abierto y su después. / Quiero al sur: su buena gente, su dignidad. / Siento el sur como tu cuerpo en la intimidad. / Te quiero sur / te quiero sur / te quiero sur.
(Lugares. Pixies con hotel encerrado y central camionera de Torreón; El Gusanito con Cherán; White Stripes con Saltillo-Monterrey; Eurolounge con Villahermosa-Cosoleacaque; Vuelvo al Sur de Gotan Project con Xalapa).
lunes, septiembre 11, 2006
Intenso y homogéneo dolor de hombros
Es un dolor conocido. Es el mismo que una vez sentí en el estómago y en las piernas cuando estuve angustiado, tanto en mi infancia como en mi adolescencia; es el que con el tiempo se trasladó al cuello y, alternativamente, a un hombro. Es un dolor que asocio con un comentario hecho por Rafael –que a su vez a mí me relató Rocío-: las mochilas que cargo y a las que introduzco pesos fatigosos son una suerte de penitencia inconscientemente autoimpuesta. Así duele, así desagrada.
jueves, septiembre 07, 2006
martes, septiembre 05, 2006
viernes, septiembre 01, 2006
También vi a Jorge Chabat, el columnista de El Universal. Desaliñado, desaliñadísimo. Como distraído.
Pasan frente al lugar donde desayuno.
Hora de la comida. Volví a encontrarme a Chabat en la tarde. Caminaba igual de desaliñado, pero además llevaba un vaso enorme desechable con logotipo de McDonalds.
Desazón.
jueves, agosto 31, 2006
Su acompañante, por cierto, es medio calvo; luce elegante. Camina unos pasos detrás de ella, no se hablan. O, más bien, su indiferencia habla por ellos.
En la noche. En Coyoacán, cerca del departamentito hay un tipo que parece CSG, sólo que más alto y delgado. Lleva un perro negro, fuerte y alto que impresiona.
jueves, julio 20, 2006
martes, junio 06, 2006
viernes, mayo 05, 2006
sábado, abril 22, 2006
Los lectores, la moda y la cultura
Esther Tusquets
BABELIA - 22-04-2006
viernes, abril 14, 2006
sábado, abril 01, 2006
Suplicio de los cien cortes
jueves, marzo 30, 2006
Elizondo, en memoria.

Pon atención. Trataré de contártelo todo; sin omitir un sólo detalle. Las gentes no aguardaban con anticipación. Iban llegando poco a poco cuando la ceremonia ya había empezado. Pero él estaba allí. No sé desde cuándo; el hecho es que él ya estaba allí; como si siempre hubiera estado allí. No se percata uno a ciencia cierta de lo que pasa. De pronto surge de entre los curiosos con las manos atadas a la espalda. Todo en él, todo lo que lo rodea, está tenso, como si fuera a romperse la realidad de un momento a otro, pero él no tropieza, camina con dificultad, pero no tropieza. La estaca ya está fija en el suelo desde antes. Quizá la han puesto allí desde el día anterior. Los mecanismos materiales de la justicia, son pudiéramos decir, imperceptibles. ¿Quién construye los cadalsos? ¿Quién templa la hoja de esas cuchillas? ¿Quién cuida de que el mecanismo de la guillotina funciones con toda perfección? ¿Quién aceita los goznes del garrote? La identidad de los verdugos es inasible como el mérito de sus funciones. Es difícil relatar estas cosas porque son cosas que pasan sin que nos demos cuenta cabal de cómo pasan. De pronto ese cuerpo se cubre de sangre sin que hayamos podido darnos cuenta del instante preciso en que los verdugos le hacen el primer tajo. La fascinación de esa experiencia es total; esto sí es innegable. Cuando terminó el suplicio estábamos empapados. No nos dábamos cuenta de que estaba lloviendo. De pronto, ya estaba él allí, pero nosotros no lo mirábamos a él, mirábamos las cuchillas que los verdugos blandían orgullosos, que los verdugos blandían con esa sabiduría y con esa destreza que da el hábito manual. Las cuchillas en manos de otros hombres serían manipuladas torpemente, con precaución, tratando de evitar el contacto de las hojas, huyendo de su filo hiriente al menor contacto. Es posible que el supliciado no se dé cuenta cabal de lo que está sucediendo. Así pasan las cosas. Uno mira de frente y sin embargo, cuándo súbitamente brotan los goterones de sangre de la herida, no sabríamos decir en qué momento se produjo el tajo. Las cosas pasaban así. Desde el primer momento en que se ve la sangre escurriendo lentamente a lo largo de las comisuras de su cuerpo, cebreando lentamente la piel lampiña, distendida, arrollándose en tenues hilos de púrpura que gravitan formando estrías hacia el sexo del santo que en esas condiciones se vuelve la única parte invulnerable de su cuerpo, y luego esa sangre se acumula en el pubis hasta que rezumando cae sobre el pavimento y queda tal como era unos instantes, luego se vuelve negra como carbón. Pero eso no es lo más inquietante. El Dignatario, el que aparece en la fotografía contemplando apaciblemente la escena desde atrás, al lado derecho, se adelanta hacia el hombre e introduciendo las puntas de los dedos entre las comisuras de los primeros tajos que han hecho los verdugos, apresa el borde inferior de la herida y tira hacia abajo, primero del lado izquierdo y luego del lado derecho. Es curioso ver cuán resistente es la carne de nuestro cuerpo; es preciso ver la magnitud del esfuerzo que desarrolla el Dignatario antes de poner al descubierto las costillas del hombre, para comprender cuál es exactamente la capacidad y la resistencia de la carne. El supliciado nunca grita. Los sentidos quizá se vuelven sordos a tanto dolor. El Dignatario se aleja y se coloca en el lugar en el que aparece en la fotografía. Desde allí ordena a los demás verdugos, mientras se enjuga las manos manchadas de sangre, que procedan al descuartizamiento. Cuatro de ellos ejercen una función pasiva aplicando la tensión de las ligaduras, mediante palancas y tórculos improvisados, en los puntos en los que la distensión de los tejidos, de los tegumentos, de las masas musculares, faciliten los tajos de las cuchillas. La tarea de estos hombres, que en la jerga de los verdugos se llama el Hsiao Kuung o pequeño trabajo, no carece ni remotamente, de una gran importancia. La perfección del Leng-Tche depende casi siempre de la correcta aplicación de las tensiones. No es de extrañar por ello que existieran en China, en la época de la dinastía Ch´ing, funcionarios imperiales dedicados exclusivamente a recorrer todos los confines del Reino para reclutar a los mejores Hsiao Kuung de ren, hombres del pequeño trabajo, como se les llamaba. La práctica inmemorial de la acupuntura que ha sabido diferenciar especialmente cada una de las partes de nuestro cuerpo seguramente contribuía, mediante la perfecta localización de los “meridianos”, a dar a estos hombres un conocimiento cabal de los puntos y los grados de resistencia de sus miembros. Mira la fotografía. Analiza sus actitudes. El del extremo izquierdo de la foto mantiene el brazo en alto ejerciendo, con un esfuerzo mínimo, una simple presión o torsión digital en alguna de las ligaduras o torniquetes situados a espaldas del paciente. Esta ligadura, aquí invisible, seguramente se sustenta en la estaca misma como punto de apoyo para producir una presión que aproxima y mantiene rígidos los brazos en torno a la estaca. Se ve de inmediato que ese hombre tiene la sabiduría de su oficio. La eficiencia absoluta de sus actos se retrata en la mirada serena dirigida hacia las manipulaciones del verdugo que aparece del lado izquierdo de la fotografía, en primer término de espaldas a nosotros. Una ligerísima torsión aplicada por sus dedos a una ligadura situada a la altura de la espalda del sujeto propicia o facilita en alto grado el desmembramiento de sus piernas a la altura de la rodilla. Hay otro verdugo situado a la izquierda del anterior –hacia la derecha en la fotografía- cuyo rostro no nos es posible ver. Es visible, sin embargo, un rasgo distintivo de su personalidad. Este hombre sostiene una estaca que por su posición, por su inclinación característica, es seguro que cumple la función de ejercer la fuerza mayor de todas cuantas se utilizan en esta operación. Se trata pues de un torniquete de grandes dimensiones. Esto no sería de mayor importancia si no fuera por el hecho de que la mano derecha el verdugo que maneja este torniquete no se crispa en torno a esta palanca como las proporciones y el peso probable de ella lo harían suponer, dada, sobre todo, la gran fuerza que ha de ejercer, sino que por el contrario se posa, tal parece, delicadamente sobre el madero, en una posición semejante a como se toma el arco de un violín, plegando delicadamente, además, el dedo meñique hacia adentro y manteniéndolo sin tocar la palanca. Ese gesto indica, qué duda cabe de ello, que si bien la mano izquierda de este verdugo sirve para mantener el torniquete a la altura requerída, pues así lo demuestra el gesto firme con que la mano retiene la estaca desde abajo, la mano derecha sirve para producir levísimas modificaciones, aumentos apenas perceptibles, disminuciones infinitesimales, relajamiento instantáneos y localizados de la presión general aplicada al cuerpo del enfermo, modulaciones que sirven para frenar hasta su posibilidad más exasperante ese desmembramiento implacable, modulaciones como las que el arco produce sobre las cuerdas en la cadenza que precede y hace retroceder la coda de un trozo musical. Hay otro verdugo detrás del supliciado. Apenas son visibles su mano derecha y su frente. Seguramente cumple una función similar a la del verdugo del extremo izquierdo de la fotografía. Como el otro, no tiene sino que hacer aumentar y disminuir la presión de un torniquete hecho de cáñamo. Atrás, a espaldas del supliciado, es posible ver parte del rostro y el borde de la gorra de un verdugo que ocupa una posición absolutamente simétrica a la del verdugo que manipula el torniquete de cáñamo e inmediatamente en seguida vemos a otro verdugo, con el pelo cortado a la usanza de los manchús, que al igual que el del extremo izquierdo de la fotografía ejerce presión a la espalda del condenado al mismo tiempo que sigue con gran atención las manipulaciones de los otros dos que en primer término, en la fotografía, ejecutan lo que es el desmembramiento propiamente dicho. Estos se encuentran ambos de espaldas a la cámara. Cada uno de ellos trabaja sobre una de las piernas del paciente, desmembrándolas en las coyunturas de la rodilla mediante sus sierras. Es indudable que proceden de la misma manera con los brazos si no es que lo han hecho ya. Esto es de suponerse porque habiendo empezado por amputar las manos y luego los antebrazos a la altura del codo, se requeriría una gran tensión de las ligaduras sobre los muñones del brazo para que en ellos se sustente todo el peso del cuerpo, lo que así justifica la función del verdugo que opera el gran torniquete. Es preciso tomar en cuenta la simetría de esta imagen. La colocación absolutamente racional, geométrica, de todos los verdugos. Aunque la identidad del verdugo situado a espaldas del supliciado no puede ser precisada, su existencia es indudable. Fíjate en las diferentes actitudes de los espectadores. Es un hecho curioso que en toda esta escena sólo el supliciado mira hacia arriba, todos los demás, los verdugos y los curiosos miran hacia abajo. Hay un hombre, el penúltimo hacia el extremo derecho de la fotografía que mira al frente. Su mirada esta llena de terror. Nota también la actitud de ese hombre situado en el centro de la fotografía entre le verdugo Manchú y el Dignatario; trata de seguir todas las etapas del procedimiento y para ello tiene necesidad de inclinarse sobre el hombro del espectador que está a la derecha. El supliciado es un hombre bellísimo. En su rostro se refleja un delirio misterioso y exquisito. Su mirada justifica una hipótesis inquietante: la de que ese torturado sea una mujer. Si la fotografía no estuviera retocada a la altura del sexo, si las heridas que aparecen en el pecho de ese individuo fueran debidas a la ablación cruenta de los senos no cabría duda de ello. Ese hombre parece estar absorto por un goce supremo, como el de la contemplación de un dios pánico. Las sensaciones forman en torno a él un círculo que siempre, donde termina, empieza, por eso hay un punto en el que el dolor y el placer se confunden. No cabe duda de que la civilización china es una civilización exclusivamente técnica. De esta imagen se puede deducir toda la historia. Se trata de un símbolo, un símbolo más apasionante que cualquiera otro. Cada vez que lo miro siento el estremecimiento de todos los instintos mesiánicos. Sólo puede torturar quien ha resistido la tortura. Hipótesis inquietante: el supliciado eres tú. El rostro de este ser se vuelve luminoso, irradia una luz ajena a la fotografía. En esta imagen yace oculta la clave que nos libra de la condenación eterna. Es preciso estudiar ese diagrama, ese dodecaedro cuyas cúspides son las manos y las axilas de todos los hombres que se afanan en torno al condenado. Ese hombre, visto en la penumbra, el hombre que se apoya sobre el hombro de su vecino para poder seguir con la mirada cada una de las fases del trabajo de los verdugos, ese hombre parece no creer lo que está viendo. Los chinos nos son ajenos. Es imposible entenderse con ellos…
Conocemos su hipótesis, Doctor Farabeuf; una hipótesis que podríamos llamar, stricto sensu, escatológica. Afirma usted, maestro, que el rostro, que ese rostro que usted fotografío, es el rostro de un hombre en el instante mismo de su muerte. Afirma usted, por otra parte, en su interesantísimo trabajo -acerca de la fisiología del supliciado que, por lo general en estos casos, debido a la concatenación del terror psíquico con el paroxismo de las sensaciones se produce una súbita secreción de adrenalina, la que actúa sobre ciertas células nerviosas…Determina por el cambio repentino de polaridades una levísima vibración de la capa superficial del tejido conjuntivo… “una descarga…”-así la llama usted- o no… Por lo que se refiere al desangramiento su descripción no carece de lirismo… “ello se traduce en una manifestación característica de la fisiología de los órganos masculinos…asímismo de la mujer… en el mismo caso”, dice usted. ¿A donde nos lleva todo esto? Se trata de un hombre que ha sido emasculado previamente. Es una mujer. Eres tú. Tú. Ese rostro contiene todos los rostros. Ese rostro es el mío. Nos hemos equivocado radicalmente, maestro. Nos engañan las sensaciones. Somos víctimas de un mal entendido que rebasa los límites de nuestro conocimiento. Hemos confundido una tarjeta postal con un espejo. Es preciso saber quién tomó esa fotografía.La fotografía no representa sino una parte mínima del horror.
"-¿Ve usted? Esa mujer no puede estar del todo equivocada. Su inquietud, maestro, proviene del hecho de que aquellos hombres realizaban un acto semejante a los que usted realiza en los sótanos de la Escuela cuando sus alumnos se han marchado y usted se queda a solas con todos los cadáveres de hombres y mujeres. Sólo que ellos aplicaban el filo a la carne sin método. En ello descubrió usted una pasión más intensa que la de la simple investigación, y es por eso que valido de su uniforme azul y sus polainas blancas, abriéndose paso a codazos y a empellones se colocó usted frente al "hecho" para crear en medio de él un espacio de horror después de haber colocado pacientemente su enorme aparato fotográfico. (…)Todas aquellas filosísimas navajas y aquellos artilugios, investidos de una crueldad necesaria a la función a la que estaban destinados, adquirían una belleza dorada, como orfebrerías barrocas brillando en un ámbito de terciopelo negro, fastuosos como los joyeles de un príncipe oriental que se sirviera de ellos para provocar sensaciones voluptuosas en los cuerpos de sus concubinas, o para provocar torturas inefables en la carne anónima y tensa de un supliciado. (…)La mirada todo lo invadiría con una sensación de amor extremo, con el paroxismo de un dolor que está colocado justo en el punto en que la tortura se vuelve un placer exquisito y en que la muerte no es sino una figuración precaria del orgasmo. (…)No pensaste jamás que ese espejo eran mis ojos, que esa puerta que el viento abate era mi corazón, latiendo, puesto al desnudo por la habilidad de un cirujano que llega en la noche a ejercitar su destreza en la carroña ansiosa de nuestros cuerpos. "Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.
domingo, marzo 19, 2006
martes, febrero 14, 2006
Ética repúblicana
No es que Monsiváis me caiga muy bien o forme parte de mi santoral. Por oposición, prefiero a Paz et.al. y estoy de acuerdo en que tiende a escribir más ocurrencias y puntadas que ideas.Sin embargo, por contraste, lo que leyó cuando le dieron el Premio Nacional de Artes y Ciencias me parece mucho más razonable que lo que intenta criticar el hombre con faldas más reconocido en el occidente de México (sí, Juan Sandoval Iñiguez).
Entre otros desatinos, da risa escuchar al cardenal éste cuando dice –en entrevista con la televisión local- que Monsiváis es un intolerante temeroso de la diversidad, que se esconde detrás de la fama de sus letras para promover fundamentalismos y que, sobre todo, quién ha leído jamás a ese tal Monsiváis como para hacerle caso; escritorsucho ese, verdad?, cómo se atreve.
En fin, Sandoval no está para mucho más que no sea defender la fe de sus incultos feligreses. En el camino, sin embargo, no logra otra cosa que exhibir una vez más su enanes intelectual y su docto aire cerril (con perdón de toda la gente inteligente que vive en el campo).
Dejo a continuación, para su consideración, el texto que Monsiváis publicó el día de hoy en El Universal. Seguro que el intento de crítica del cardenal recibirá mucha más difusión, así que no es necesario ensuciar más este blog con sus berridos.
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Carlos Monsiváis
14 de febrero de 2006
Sí existe la ética republicana
En la publicación Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara leí -en la transcripción de Público del 13 de febrero de 2006- una respuesta muy contundente y tal vez sólida a lo que yo no dije en mi discurso en Los Pinos en la entrega de los premios nacionales de Artes y Ciencias. Contesto, no desde luego a nombre del Carlos Monsiváis tan fantasiosamente transcrito, sino del Carlos Monsiváis que leyó (y por una extraña razón escribió primero) el discurso de forma y contenido tan distinto al rebatido con entusiasmo por Semanario .
En el editorial "Fundamentalistas radicales" hay un señalamiento tajante: la defensa del Estado laico ha sido el pretexto para que aparezcan fundamentalistas fanáticos que han caído en la tentación del fundamentalismo como remedio. (Tal vez les faltó decir "y se han fundamentalizado en el camino"). Al Carlos Monsiváis inventado con precipitación se le deja fuera del ring de la Historia con el golpeteo de una cuantas palabras: "Sus ideas son elucubraciones, han sido el principio de un peligro destructivo que le representa a través de su palabra" (negritas de Carlos Monsiváis, que mal que bien conozco desde hace 68 años). Así que las cuartillas del otro CM son "el principio de un peligro destructivo", pues qué mal porque los peligros no son destructivos, las realidades sí. ¿Y qué es lo que dijo mi peligroso homónimo?:
Carlos Monsiváis exige que el secretario de Gobernación (Carlos Abascal) no hable de sus creencias, lo restringe, lo limita; mas, al mismo tiempo, el escritor pretende imponer con la violencia de sus conceptos la propia convicción de su verdad en lugar de proponerla a la libre aceptación de los demás. Él sí tiene la razón; Abascal no, dice.
Véase lo que dijo el secretario Abascal el 29 de enero de 2006 en un seminario de ética:
Es necesario recuperar con absoluta libertad de credos la religión como el espacio que propicie la vinculación, la revinculación del ser humano con su destino trascendente para que le dé sentido a los valores éticos que han de comprometer su existencia diaria.
Perdón por citar, vinculando y revinculando al Carlos Monsiváis del que tengo noticia cotidiana. Este CM afirmó:
Es por lo menos insólito un secretario de Gobernación que apenas toma la palabra instala su púlpito virtual (y no tanto). Como ciudadano y creyente Abascal está en su perfecto derecho de proclamar las ventajas de la fe; como secretario de Estado no, porque no hay tal cosa como un señor que mientras vigila el proceso electoral es laico, y que deja de serlo al menospreciar por completo la estructura ética de la institución en donde devenga salarios y tribunas. Si vuelvo a don Carlos, ¿tiene caso reiterarle lo obvio: el Estado laico se sustenta obligadamente en la ética republicana que, sin negar en lo mínimo el papel de las religiones como espacio de formación de valores, deposita en la educación, y las responsabilidades personales, las leyes, la estructura ética de la sociedad no teocrática? El laicismo respeta todos los credos pero no acepta el retorno a un dogma religioso como criterio único, muy probablemente para que no se acuse al país de clonar el siglo XVII.
Lamento citarme in extenso (latinajo a caballo de espadas) pero mis palabras, todo lo pobres que se quieran, son mías, y la del fantasmón de los "peligros destructivos" son de Semanario, que las confeccionó. ¿En dónde le niego a don Carlos la emisión de sus creencias, en dónde lo restrinjo y limito? ¿Dónde está la violencia de mis conceptos? (Bueno, a lo mejor radica en invocar a la violenta Constitución de la República). Abascal no tiene la razón y las leyes y el Estado laico sí. Y quizás esto se agrave por un hecho franciscano: Carlos Abascal es secretario de Gobernación.
Por lo demás, en Desde la fe, el semanario de la Arquidiócesis Primado de México (12 de febrero de 2006), el p. Mario Ángel Flores Ramos señala: "Tiene toda la razón (Diego Valadés) el director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM; no regresemos a los autoritarismos de antaño...".
II
Es curioso la apropiación o expropiación de términos del pensamiento crítico llevadas a cabo por el sector eclesiástico y los conservadores. No sólo las consignas de sus (infrecuentes) marchas vienen de la izquierda: "El pueblo unido jamás será vencido", sino algunos conceptos clave se trasladan mecánicamente de un campo ideológico a otro: fundamentalismo, diversidad, miedo a la diferencia, empoderamiento. Y a esto lo complementa el manejo de las brumas apocalípticas. (Afirma el Semanario: "Sabemos que el miedo a la diferencia... puede conducir a una verdadera pesadilla de violencia o de terror"). El Carlos Monsiváis que he tratado sostiene desde hace mucho, precisamente por los ataques con frecuencia devastadores de la derecha contra los sectores marginados, la causa de la diversidad. Y ni yo (ni el Carlos Monsiváis que leyó en Los Pinos) entendemos por qué el Semanario pontifica: "Monsiváis no ha aprendido todavía a convivir con la diversidad". Probablemente así actúa el Monsiváis que inventó Semanario, pero el Carlos Monsiváis del discursito no sabe de qué hablan. ¿Qué diversidad representa el secretario de Gobernación al proclamar la ética religiosa como única, rechazando de paso la ética laica a la que está obligado por su función pública? ¿Qué es "lo diverso" en Abascal? ¿Afirmar como ha hecho varias veces que no dijo lo que sí dijo? Esto puede ser amnesia programada pero no diversidad. ¿A qué se refieren entonces? ¿A qué el secretario y yo no compartimos las mismas ideas? Esto es cierto pero nadie -yo menos- le impide profesarlas. Mi insistencia se localiza en otro punto: sí existe tal cosa como la ética republicana, algo que no está dispuesto a aceptar el homogéneo y monolítico Carlos Abascal.
Sin violencia y sin terror adjuntos, una verdadera pesadilla es polemizar con quienes siempre enmiendan sus palabras y las de sus críticas para burlarse de la memoria ajena.
lunes, febrero 06, 2006
lunes, enero 16, 2006
jueves, diciembre 01, 2005
Esos analfabetos cuyo despreciable objetivo vital es la felicidad

El conocimiento, para Peter Kien, no es algo que deba compartirse, un puente entre los hombres; es una manera de tomar distancia y de alcanzar una superioridad vertiginosa sobre el común de las gentes, esos analfabetos cuyo "despreciable objetivo vital es la felicidad".
sábado, noviembre 12, 2005
sábado, noviembre 05, 2005
Guadalajara...
¡Que manera desagradable de asomarse a la ventana! Todas las mañanas, religiosamente, las banquetas y cocheras de las tres casas frente al edificio de departamentos en el que vivo son barridas-lavadas a manguerazos. jueves, octubre 20, 2005
Muerto
domingo, octubre 16, 2005
Me Cago
Desde hace rato las cosas andan mal. Mal y de malas, de verás. Los asuntos más simples y tontos no me salen, ni siquiera alcanzo a llegar a tiempo para meter la quiniela con don Max, el de la tienda de la esquina. Pero las complicadas, las que representan un reto, son las que me dejan con un sentir de malestar metafísico: no me dejan, no puedo competir por el empleo que creo que tiene mi nombre porque ‘no tengo el perfil’. Derrotado de antemano. Quizá fue mejor así, evito constatar que soy lo incompetente que temo.Entretanto, el departamento está hecho un asco, el trabajo no me entusiasma ni me estimula, no puedo terminar la tesis, debo un dineral, recibo pésima atención en mi dizque universidad y me hacen dar vueltas y vueltas, no logro explicarle en castellano a la peluquera lo que quiero para mi cabello, me cerceno la mejilla intentando rasurarme, escribo posts sosos, me preparan café malo en el Sorbo. Y lo que nunca: tengo celos. Me enfrento con sombras en sueños y en fantasías diurnas. Me siento fuera, excluido, marginado, ninguneado.
El garibaldi se quedó en la bolsa. La botella descorchada, llena.
Lo único con lo que estaba más o menos contento ya lo estropeé también: una bolita truena detrás de la rodilla cada vez que la flexiono y no puedo correr. Adiós ejercicio.
domingo, octubre 02, 2005
Idiomáticas
- Darle vuelta al dinero.
- Ya de pérdido.
- Ser como el azadón: todo para acá y nada para allá.
- Venir sin tomar café y no traernos el pan.
- Tener hueso en la lengua.
- Aunque le pegue yo a la piedra, no sale agua.
- Entre pitos y flautas.
sábado, septiembre 03, 2005
Katrina y los gustos culposos
Está mal, supongo. Pero los destrozos que causó el huracán Katrina en Estados Unidos y lo que ha sucedido después me da cierto gusto. Me regocija constatar que los estadounidenses también pueden ser impresionantemente vulnerables ante distintas clases de fenómenos. Pero más aún que con los ataques del 11S, siento cierta satisfacción al leer sobre los destrozos que este fenómeno natural ha causado porque –de acuerdo con lo que diferentes medios han documentado- se deben en buena medida a falta de prevención: recursos inicialmente destinados a darle mantenimiento y mejorar los muros de contención del río y el lago fueron finalmente utilizados para la invasión a Irak de tal manera que no recibieron el cuidado pertinente ni crecieron como se anticipaba necesario.Sin embargo, hay algo previsible que me disgusta. Aparentemente, quienes sufren y padecerán los estragos son los más pobres, negros principalmente. Las familias que abandonaron a tiempo la zona fueron sobre todo quienes tenían medios de transporte adecuados o dinero para pagarlos. Se fueron a tiempo y no padecen el aislamiento, la insalubridad, la inseguridad, el temor, la ausencia de alimentos y bebidas y a su propio ejército tratándolos como enemigos de guerra. Como siempre, quienes reciben la peor parte son los que se encuentran en la parte más baja de la estructura social.
Otro asunto que me sorprende es la pésima reacción del gobierno. Quién pensaría que el país más rico y poderoso respondería tan miserablemente ante la desventura de sus propios ciudadanos. Ver a Bush en Misisipí no permite otra cosa que imaginarlo como el presidente de cualquier "república bananera". Las frecuentes desventuras del antes llamado tercer mundo pueden ocurrir en lugares insospechados.
Además, todo esto me recuerda el Protocolo de Kioto y la retirada del gobierno de Bush del mismo para beneficiar a las empresas petroleras y carboneras de su país –de las que su familia forma parte, si mal no recuerdo. Me gustaría pensar que lo inusual de un huracán de esa magnitud particularmente sobre EU se debe a los cambios climáticos causados precisamente por eso que el Protocolo intenta atenuar.
domingo, agosto 21, 2005
Tesis
sábado, agosto 13, 2005
SinCity

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Según yo, los segmentos que dirige Tarantino son dos: uno largo –el inicial-, donde Hartigan va a rescatar a “Cordelia” y otro más corto –hacia el final-, donde aparecen el par de rufianes elocuentes. Éstos, por demás, son personajes típicamente tarantinescos.
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Marv es la viva imagen de Hellboy ¿qué no? No me gusta la idea, pero además lo asocio con Bukowski.
domingo, julio 10, 2005
Highlights a la Sexta
A continuación resalto tres puntos de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona que considero importantes.
1. A contracorriente de lo que estábamos acostumbrados, el autor o autores son los comandantes indígenas, no el Sup Marcos. Esto resulta más o menos obvio si se contrasta el tono y estilo de esta declaración con el de las otras o cualquier otro comunicado.
Es probable que esto sea un indicio de lo que viene, quienes serán visibles en las acciones serán sólo o principalmente los indígenas. Ahora bien, esto no es nuevo, hay que recordar quiénes hablaron en el Congreso de la Unión y en la gran mayoría de los foros la última vez que el EZLN fue a la Ciudad de México o quienes salieron de Chiapas cuando la Consulta del 99 o en la marcha de los 1,111.
2. A diferencia del resto de las Declaraciones se plantea una alianza con los “trabajadores del campo y la ciudad”. Diferencia sutil, pero importante: no es lo mismo hablar de sociedad civil que de trabajadores. Cada término puede ser un concepto que remita a formas de ver la realidad muy distintas entre sí.
Además, el análisis hecho en los apartados sobre lo que son, el mundo y México corresponde de una manera clara con un modo de ver las cosas más cercano a la Primera que a cualquiera de las otras Declaraciones. Parece que el discurso se endurece.
3. Insisten en la necesidad de una organización política de izquierda no electoral. Reiteran el llamado a no olvidar que la política no es sólo la de los partidos y que hay más vías pacíficas además de la electoral; vuelven a criticar a los partidos legales mexicanos por su “síndrome del centro”, por haberse transformado en agencias de colocación y no de representación, por haber sustituido la discusión por el marketing y el raiting, y por haber asumido que lo único que se puede hacer es cambiar el administrador y no el tipo de relaciones político-económicas existentes.
Éste punto, el de la organización no electoral de izquierda, es uno de los más importantes, pero el que ha sido menos resaltado.
Por último, quien suponga que la Sexta es una respuesta a la eufemísticamente llamada Alianza para la seguridad y la prosperidad de América del Norte o a las incursiones del Ejército fuera –pero cerca- de la zona de influencia del EZLN hace una lectura apresurada, facilona y descontextualizada. Falta leer más frecuentemente la prensa o escuchar más los radio-diarios para tener una idea más clara de los procesos políticos y de las coyunturas que los conforman (asumir algo así es como suponer que los atentados terroristas en Londres son una respuesta inmediata a la designación de la sede olímpica; no, ahí lo que sucede es que Alá está de su parte). Lo importante no es el calendario del 2006 (no lo fue en el 94, ni el 2000 y no tiene por qué serlo ahora) ni desmarcarse del “discurso étnico” (que nunca ha sido el único “tema”, véase los documentos del Foro para la Reforma del Estado o la propuesta que el EZLN presentó a la mesa 2 sobre Justicia y Democracia en San Andrés en el 96; mesa en la que, por cierto, el gobierno federal no se presentó y no hizo ni una propuesta) sino la construcción de la resistencia, autonomía y nuevo país “desde abajo y con los de abajo”.


















